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1 í- rf i í SCENA XI. PATIO EN EL PALACIO DE HERODES MuNACio. -También ahora te engañaron tus p r c lenttniicntos, Rufa. RUFA. ¿Cómo? MunAcio. Antipas no ha contlenado al Rabbí. y RUFA. ¿Entonces z íia dejado en libertad? MuNACro. -Tampoco; devuelve el preso al gloríoso procurador Poncio, que se le envióR U F A ¡O h no está libre aúnl Tengo miedo, mucho miedo, AlunacJo- (üycíí á lo lejos el rumor del pueblo alhor fado. MiíNAcio. ¿Que voces serán esas? (E rumor va acercándose. RUFA con pcneiracíón doloroso) -jDios mío, lo que dicen! (Escuchando con mas fijeza, ÍEJCrucifícale! icrucjfícalel MuvAcio. ¿Eso ban dicho? Pero ¿por que? ¡Oh plebe sangrienta y bárbaral Si el procurador Poncjo quisiera hacer caso de mí... P e r o yo ¿qué puedo, Rufa? Soy un pobre legionario, sin grados, sin apoyo; aquí estoy, como podía estar en Hispania, en Batavía, en lliria, donde ya estuve. Acaso á esTas horas se ha aleado en cada lugar de esos un profeta predicando el reino de Dios, la felicidad de los homb r e s Sale entre soldados y pueblo T abhí Jescbud, vestida con alba túnica, por móndalo de Heredes. R U F A -N o Munacío, no; desvarías; Este c el único, el verdadero. Mírale; blanco, puro como ía nieve de la sierra. í K m y ¿V 1. f -1 J f