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r i L r A SCENA X. PATIO DEL PRETORIO. N EL FONDO. UNA VELA Ó TOLDO CARMES) DA SOMBRA Á LA SILLA CURUL DEL PROCURADOR DE JUDEA, PONCIO, LLAMADO PlLATO. MuNAric. ¿Lo ves. Rufa? EJ procurador ficnc razón. M í glorioso jcft Poncio, á quíín conocí y lervi en el pais de lo5 bátavo i, ¿cómo ha de ceder á los antojos de cuatro ¡udios egoísias que sólo d e sean Ja destrucción de Roma? RUFA. -Luego entonces, ¿no le condena? AluNACJD. ¿Cómo ha de condenarle? ¿Es que estos odiosos judíos piensan que en el Imperio no hay leyes, que el senado es una reunión de comadres y el poder de César una farsa? ¿Creen que se puede condenar á un hombre sin derecho para ello? RufA. -Entonces, ¿po qué no le sueltan ya 7 MuNACio con petulancij) -Tú no entiendes de esto. Rufa. El glorioso Poncio. como representante político y militar de Cayo Tiberio, se declara incompetente para juzgar en asuntos de religión, cnvia al Acusado a que le juzguen los sacerdotes y los magistrados del templo. de m ¡Perdidos somos cnTonces. Esos lobos no se satisfarán si no se hartan de la sar e del M a e s t r o MuNACio. -He creído entender que van i llevarle á casa del teírarca Hcrode Antipas. RUFA. ¡El Señor nos valga! MuvACto. ¿Por que? RUFA- ¿No sabes quien es ese malvado? Es el asesino de laokanan, el que mandó cortar Ja cabeza al Bautista, íí í Ül 1 1 It I J R U F A ¡Ay i