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f 4 r. ry i V í 2 mí 1 r E S C E N A VJJ. E N E L M O N T E OLIVAS. D E LAS t J I RupA -Por el atajo llegamos antes cfuc clloa. ¿Ves? Allí están. MuNACio. ¿Qwé hacen? R u í A L o s discípulos duermen. El Maestro vela, MuwAcio. -Debiéramos avisarle para que se pusiere tn salvo. Rui A. -Calla, MunaciOh Sí El quisiera salvarse, no nos había menester á nosotros. MuNACJO. ¿Tan poderoso es? RUFA, -Escucha; pon el oído atenro, MuNACJO exfasiado, oyendo) -Música suavísima es, cual nuaca la oí. RUFA (arrobada, fuera de si) -Angeles. serafines. -MuNACTo. ¿Pero por qué es tan triste ese canto? l lcércase el pelotón de soldador y pueblo. A la luz de las leas se ve al hombre rojo que se encara con el Orante y fe da un beso. Los discípulos se despiertan. l ¡efas saca la espada y hiere á Mauros. Los soldados rodean al preso, le maníafan por orden de Judas de J en ot Transcurren en toda ¡a escena cinco minutos. RUFA angustiada) -jMunacjo, le prenden, Ic atan, se le llevanl MuNACío (como emhohadó) ¿Cómo? ¡Soldados de h gloriosa Roma sirviendo á un traidor judio! ¡Y todo ese pelotón de gente contra un hombre solo é indefenso! Apresurémonos, RuFa; algo muy grande va á ocurrir. Salen precipitadamente. W- s y o f o o t LSK v vfJ- Nií- T f -wji it í A íivNíi J