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r j S C E N A VI. UNA CALLE L É N ES D E N O C H E DE JERUSA- MuvACio- -Rufa, he seguido 1 hombre pclirro ¡o, á csí Judas á qiíien conoces, Sujcio peligroso me parece. Según iba siguiéndole, noté quo volvía la cabeza con recelo v cambiaba frcciicnieiricntc de ca mino, como íuclen hacer los cortabolsas de Roma cuando la guardia de noche les pcrsiguí por) a 5 callejuelas de SubuTTa- Al fin. entró en casa del rico Oseai: le aguarde. Salió al poco rato. M e fingí borracho, y tropezando con éf de propósito, noté t ue llevaba dinero; bajo la túnica le sonaron monedas argeniina Y yo pregunto: ¿á qué va el discípulo de Rabbí Jc chirá por dinero i casa de los enemigos de su Maestro? R U F A -E s muy raro eso que dices. Pnu n. Yo, en cambio, he seguido á otro discípulo, á Juan el moyuelo; deseaba hablarle, porque hoy es el día de los Aiimos. Mu í c o. Bicn, ¿y que? RUFA. -Rabbi Jcschua ha comido el pan y ha bebido el vino con sus dÍM: ipir o! MuNAcio. -Eso en Roma, indjca matrimonio o contrato. RUPA. -Contrato ha sido, según Juan. Y n partir el pan, les dijo: dEstc es mi cuerpo. Y al partir el vino, añadió: íiEsta es mi sangre. n MuNAcio. -Palabras misicrio as parecen esas, como de sibila 6 pironisa, Pj íi un pehíón de scUjJot V gente del puehh ccn encendidas. ¡Por Hercules, esos son soldados de mi cohorte... y algunos de mi compañía! Y no va el centurión con ellos! ¿Quién loa dirige? hjnzando un grito de asombro jAhl hombre rojo; el mismo: Judas de Kcriof... Cara, ojos, peío, lúnlca; ¡Iodo él de color de sangre! r; i, 4