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p N T R E los muchos pueblos de Es paña que celebran la Semana Mayor de una manera solemne y original, distingüese particularmente la villa de Híjar. En ese pueblo del riñon de la tierra aragonesa, el instrumento favorito de los ciudadanos todos no es la guitarra, sino el tambor. Grandes y chicos, ancianos y mozos se dedican durante todo el año á ensayar los más variados redobles, y la Cuaresma entera se invierte en templar los tambores para los días de las procesiones. Jueves y Viernes Santos. Inútil es decir que los mozos de Híjar, mezclando lo I. ÜS VUCINOS DE HÍJAR YENDO Á BUSCAR LOS PASOS sagrado con lo profano, suelen dedicar algunos de los más elocuentes redobles de sus tambores, tamboriles tamboras (porque los hay de varios tamaños y sexos) á las mozas, formando una rondalla con instrumentos de viento capaces de no dejar dormir al pacífico vecindario. Los pasos para la procesión de Híjar üállanse en una ermita próxima al pueblo, por lo cual es menester ir á buscarlos, y con esta ocasión comienLA COHORTE ROMANA za la tamborada. Bajan las imágenes á la iglesia parroquial de Híjar precedidas de unos trescientos tambores que, doblando en son de marcha fúnebre, atruenan los aires. Los mismos instrumentos manejados por viejos, mozos y chicos vestidos de penitentes, baten marcha en las procesiones de Jueves y Viernes Santo, y á ésta última acompaña lucida cohorte de soldados romanos con b r i l l a n t e s armaduras y espantables barbas postizas, éntrelas cuales asoman las enérgicas facciones de los baturros, cipos que en nada desdicen de la naturaleza de los personajes que representan. PROCESIÓN DEL SANTO ENTIERRO AL TRAVÉS D E LOS CAMPOS Solemne y conmovedora es también la escena del pregón, que se da el Jueves Santo por la mañana. Un sacerdote vestido de sotana y bonete y cubierto con un velo, recorre las calles de la población acompañado por los tambores, y en cada plaza ó encrucijada anuncia á los fieles solemnemente que á las tres de la tarde se verificará el Descendimiento, y les invita á que no falten, como así ocurre, pues salvo los enfermos é impedidos, no queda en Híjar quien no asista con tambor ó sin él. EL PUEBLO ARRODILLADO ESCUCHANDO EL PREGÓN F O T A nOSSET