Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
corderino que se Jiace hiena, u n dolor inmenso cebándose en u n- eorazón cMquitito, la bilis que de repente se hace veneno. Y no importa que la Madrecita fuese muy chica; más chica es una víbora, y su veneno casi es mortal. ¡Quién sabe! Acaso la víbora era buena: le arrebataron el ser á quien amaba, y por la fuerza del dolor, su sangre escurrió el veneno que mata. Fué uno de aquellos instantes en que de un ser bueno se hace u n malvado; que así como un golpe puede torcer una columna vertebral, un dolor ó una injusticia pueden torcer un alma para siempre, dejándola para siempre jorobada. La Madrecita seguía á la mujerona; pero por dentro, ¡qué cosas tan infernales se iban deslizando! ¡Si hubiera conocido el idioma, qué maldiciones, qué gritos trágicos hubiera lanzado! Pero para sentir, para odiar, no se necesitan palabras; basta con unas cuantas sacudidas del sistema nervioso. De este modo seguían, la mujerona delante tirando de la Madrecita, la Madrecita apretando la muñeca y murmurando: ¡Quiere venderla, quiere venderla, y es mía, es mía; maldita, remaldita, malditísima! En esto, llegaron á una calle muy ancha y vieron venir un eléctrico á toda velocidad. I a mujerona se detuvo casi junto á los carriles. Entonces... ¿qué pasó por el alma de la Madrecita En pequeño debió pasar algo semejante á lo que debió sentir Guzmán el Bueno cuando arrojó el puñal para que matasen á su hijo, ó á lo que sintió el padre de Virginia al dar muerte á su hija para salvarla de la deshonra. H a y tragedias grandes; pero también hay tragedias chiquititas, tragedias para niñas y muñecas. En rigor, la sublimidad no tiene tamaño, ni de ella tiene la exclusiva el mundo clásico. Ni más ni menos, y como lo decimos fué: la Madrecita, sin saberlo, se sintió sublime. Acaso dentro de sí expresó la idea en forma prosaica, con estas palabras: Para que reviente de rabia la mujerona; no la venderá, no la venderá. v x. x- Y rápidamente arrojó la muñeca sobre el carril. La mujerona dio un grito, comprendió la intención de la niña, y se precipitó para salvar la muñeca. Pero en aquel instante el eléctrico llegó, y cogiéndola de lleno, la arrastró hecha una masa, y pasó por encima destrozándola: allí acabó la mujerona entre náuseas de borrachera y aplastamiento de carnazas. Muchos gritos, mucha gente que corre, el eléctrico que se detiene y un tropel que rodea los destrozados restos de la mendiga. La Madrecita quedó algo aturdida; pero pronto se rehizo, y metiéndose por entre las piernas de los espectadores, llegó á los ensangrentados restos de la mujerona; de entre sus revueltos vestidos sacó rápidamente la muñeca, y apretándola con los dos bracitos, salió del tropel y se alejó corriendo. Un señor grave, que debía de ser sabio, ó filósofo, ó sociólogo, le dijo á otro señor que le acompañaba: -Vea usted, vea usted lo que h a hecho esa niña: matan á su madre, y sólo piensa en salvar su muñeca; ¡y luego que digan que no hay criminales natos! Una mujer del pueblo decía al mismo tiempo: ¡Ave María Purísima, qué chiquilla! Corre, corre, que ya pararás en el garrote. Una señora de edad también la seguía con la vista, y persignándose con terror, murmuraba: ¡Dios nos libre de ti cuando seas grande! Obser aciones todas m u y juiciosas, no lo negamos; pero el mundo sería mucho mejor si todas fueran Madrecitas o á todo correr pusieran en salvo sus muñecas. Víctor Hugo lo dijo: Comprenderlo todo, acasosería perdonarlo todo. JOSÉ ECHEGARAY DIBUJOS DE ME -DEZ BKI -OA.