Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
dio un grito de alegría, miró por última vez hacia íirriba diciendo: Usté sí que es buena; usté sí que es niadrecita; que el cielo se 1o premie, el cielo se lo dé de salud y toda la retahila que decía cuando le daban limosna. En seguida, apretando la muñeca, díó media vuelta y echó á correr calle abajo. Pero comprendía, que con las fórmulas de costumbre no conseguía expresar toda su gratitud, y agregó por lo bajo: Si Dios quisiera que esa niña fuera pobre como yo y que juntas pidiésemos limosna, jqué contentas estaríamos las dos! Después se sentó en un p o r t a l y se- quedó contemplando -embebecida la preciosa auiñeca. ¡Qué g- raiide era, casi una niña de veras, y doblaba las piernas, y doblaba los brazos, y qué carita tan mona, y qué ojos can brillantes! ¿Pues y el vestido? Ni las señoras que iban en coche ¡levaban vestidos más majos. Sedas y blondas, y bordados, y un pelito rubio como el oro, y unos zapatitos que eran dos monadas. -Le quitó uno á la muñeca y se lo quiso poner y no pudo, y apenas si logró calzar el dedito gordo del pie, con lo cual estuvo riendo como una loca largo rato. Después de la admiración vino el entérneciiniiento. ¡Criante quería á su muñeca, cómo la cui- daría, cómo la daría de comer; para su, muñeca le robaría á la mujerona las cosas buenas que para sí se reservaba aquella fiera egoísta! Aunque su muñequita fuese muy mala, no le pegaría nunca. Y la apretó contra su pecho, y separando andrajos, aplicó la cabecita de porcelana contra su propia carne, como si quisiera amamantar á su hijita. Después resolvió que dormirían juntas y pasearían juntas, y cuando hubiera que pedir limosna las dos pedirían limosna juntas también. Todo esto lo pensaba la Madrecita, no con estas mismas palabras que aquí escribimos, sino allá á su manera y en su lenguaje infantil. Las ideas se expresan, de muchos modos, y de muchos modos se representan, y la Madrecita pensaba todo esto en forma de imágenes, y acompañaba cada imagen con latiditos del corazón, y risas y saltitos sobre la piedra en que estaba sentada. La Madrecita era feliz, tenía una hijita muy mona; ¿qué le importaba el mundo, ni sus miserias, ni sus dolores? Por mucho que le pegase la mujerona, ys. nunca lloraría. El amor de madre, un amor muy chiquito, pero muy vivo, inundaba su ser y se derretía en ternuras. ¡Qué mona, pero qué mona era la muñequita! La sentó sobre sus piernas, y empezó á peinarle los pelitos rubios, cuando de pronto una sombra se le puso delante. Levantó la cabeza y quedó aterrada; era la mujerona que venía de la taberna, completamente ebria. La cara inyectada de sangre, el pañuelo del cuello manchado de vin. o, los ojos entornados, las carnazas macilentas, la boca torcida por una risa cruel. ¡La mujerona, más mujerona y más fea y más repugnante y más cruel que nunca! ¿Qué haces ahí? -preguntó con voz torpe y aguardentosa. La niña no contestó; la miró aterrada y apretó la muñeca. ¿Qué es eso, á ver? -Me la ha regalado una señorita. -A ver, repitió la mujerona. Y cogiendo la muñeca, la estuvo mirando un rato. ¡Caracoles! Es muy hermosa y muy- F nueva, y vale mucho: lo menos me dan por ella cuatro duros. la codicia despejó un tanto la borraY chera. -Eso es, lo menos cuatro duros; yo sé dónde me la compran; -toma, que á mí se me puede caer, y ven conmigo. ¿A qué? -preguntó la niña con valor inusitado, ap retando los labios y apretando la muñeca contra su pecho. -A vender ese juguete. Incendios de ira y sacudidas de valor brotaron dentro de la Madrecita, y con voz ronca dijo poniéndose en pie; -No quiero: es mía. La mujerona se quedó asombrada; luego cogió por los pelos á la Mjdrecita, la sacudió brutalmente y la arrojó contra la tapia. Unas gotas de sangre brotaron de la frente de la. niña y mancharon la muñeca: ya estaba bautizada. -Y ahora echa á andar, -dijo la mujerona empujándola brutalmente. Y como aún resistía con fiereza infantil, la cogió por la mano y se la llevó á rastras. Qué pasó por el alma de aquella niña? ¡Qué difícil es explicarlo! Un enano que se hace gigante de pronto, un