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ít íihíínliitít A fin lo íiflo. r Hc iplit f; iV eMo pcn nhíi rHpvar 1 tr. ihnjii A Sii JÍIICCT Í O pcficarinr tic 1 rUiuÍ 3 í t f: ipiü tt UÍa tres baicíis MLVÍÍ S projji m. y i quion oíi las cHinvtrsiiduntií Ue t: iitro ¡nH iile se le cotisí lcr: ibHi coiiif hombre tic siijm iidóil. Habita llcjíiir A las Islas llcv- iitins llMii tr: ivesí; i s- iherlna: n r j al entrar en t l m a r Cnnhc, líi nmr coitieii ó á t iifumifiíirsc y onlrt Ja isln í ¡naíbiln ii- y la Dt- icada JIÍ S nlrnpí un vt- nrlaval lcl Nordeste, CcrriJ la noche; cl c; ínal estaba ticjíro como boca d e lii nio HiifiK a i í. y lrt Uífnf. las nífíi is de vontarrí n dcsi ua! Jc- ti velamen y luicínn cabecear ai barro, qne con Jítmi trabajo se soj tonía: nn verdadero inííerní Vo e- itah, d t enarl J, Una Iras citra, liicc carí; ar t iHnS bis v t l a s Al doblar el cabo San J L lrr para si rlear los arrccifef. ijue se prolongan mucbo por nllí. liabía qne íonn. ir un ányuíti nuiy abierto coh la ilirccción del viento, qnc A c a d a iníitanic arreciaba niAs. A la jtrímcra vuelta iltl liiní r, dos olas íuinensas li, Trrieron el jaienU el barco litiíbeíí como un borracho y se f Tiaí. ta ijiie la inmra de tstribur nr nha el n na. Hnloiice- s vi q n e a ú n crn preciso c a r d a r más t t l a y di niií órdenes al conlramacrttie, que avisó con n Mlbiibi las jraA- ias. Triinsmítiltil así mí orden, nadie se movió, Se t r a t a b a de subir í las eofa i: es deeir. d e darse uu pa. seílo por nna verga, qne t n aonel nionjcnto dcscriMa nn arco pr xinianicntc de oi riidos. Sonó otro silbidft. I.o s hombres parecútn í l a v a d o s cii cl pnt- nte. hurioso entonces, sallé d t nn brincia desde la pasarela á la toldilla, v e n c a r á n d o m e con los marinaros: Cómo? -prité, ¿Desde cuan di i los bonibre d e la Jt i irui tienen miedo d e snbir u los mdisides. -líntunees il ni- irinerode rionli; occ a v a n z a n d o bad a l a escala d e cuerda, con ose paso arrastrado y lento í ne t o m a mjo en esías tablas, prnf ó p a r a sus barbas: -I n minuto, mí capitán, ya. ya va en se; nida, -V aicarr itiduse á los nndos con s n s m a n a a s hercúleas. conien 7. d á snbir! i escala, qnc el vicitlo sacudí, y hacia cbüs pietcar contra el nuUtil. Nosotros le niiráhanjos. Kl vientí que inliaba su blusa cnal n n a vela, Lan pronto le separaba cunio parecía arrojarle contra el niñslil. O m n d o llegó ó la cofa, la noche era tan nejara qn no le distinK iíamos ya. Tan sólo vimos sU sombra p a s a r por delante del fanal d e vi; Ía, Un instante despnes, ctl tanto q u e yo volvía la rara pai a ordenar la maniobran cnlirid mi vo 7- el m i d o seco d e un m a d e r o qnc se qnebraba seg: nido i los Ire, scj imdos por el sordo rnnjnr deiin cuerpo que caía al mar. ¡Hombro al aRna -pritaron á proa. Instintivamente di orden al timonel p a r a que virase á babor y ma ndé lanj ar un bíkte; l o s marineros ic arrojaron á los pescantes: pero apenas había bajado unos cuaTltos pies la calina, arreha tada por el vienta, rompió la- amarras, vino á chocar con lík. s cañones de la fragata y cayó al n ¡nr hecha astillas, Kn tanto el bufjne, obediente al probemalle. hacía nn cuarto d e conversión y se presentaba al vientíi d e través. I, a. 4 velas, bruscamente desinfladas, pendían a l o lar o de los inástílc dejándotios sin defensa contra las olas, q u e n o s arrojaban con ímpetu á la costa. Avisé al capitán. Ijcfíó, acompañ a d o de otros oíidales; le pu 5 e al corriente en dos píilabrari. nioslrindole al pobre nánfra ro. q u e fbitaba á merced de las revueltas ondas, njjarrado á una astilla del bote. -Señores- -noü dijo el jefe. -el tiempo ayiremia: el ctnisejo d e ÍÜ bordo tieMe q u e decidir la suerte íle e e houdire. Pí demos i n t e n t a r el s a l v a m e n t o d e esa desj raciado sin p o n e r á n n e s t r o barco en riesgo d e perderse y de p e r d e m o s á todos? Los que así lo crean, q u e alcen la mano, pero pronto, presto por Dios vívol Hst ¿banjos afrnipítdos á la luz d e uno d e los fanales: en torno nuestro, la tripulación entera aRuard a b a la s u p r e m a decisión; y os j u r o que, á ser de día, se h u b í t r a visto á n o pocos hombres d e pelo en viejos lobos de mar, tan pálidos como u n a iURltsa en 3 a travesía del canal de la Mancha He una ojeada inspeccionamos rápiuaniente el buque, cl horizonte, la dirección d e ías olas, la lútea n e g r a de las costas á pocos cables de distancia hacia aquellos arrecifes corríamos á estrellarnos. Todos movíamos tristemente la cabeza; ní u n a sola m a n o se aliió, iCnlonces el capitán, con la vo? un poco turbada, dijo encarándose eon la tripulación: -Por u n a n i m i d a d y eil conciencia declaramos que n a d a p o demos Iiacer para salvar á ese hombre, ¡Que lííos le perdone! -Y volviéndose al limoneh g r i t ó con voz recia: ¡Todo á estribor y avante! La frag ata dio vuelta sobre si misma, p r e s e n t a n d o las velas al viento, q u e las h i n c h ó silbando de alegría; cl barco saltó sobre las olas y partió como nna flecha. A cinco ó seis b r a a s apenas, cl pobre marinero daba vueltas como u n a peonza en medio del descompuesto oleaje, que á veces CJ. SÍ le sostenía de pie. C u a n d o me d í v i s ó j u u t o al fanal, le vi er íuirse d e p u ñ o s sobre el t. ablón, c l a v a r en mi s u s ojos c o n n e s y mover los labios p a r a h a h l a n n e Me incHuc a h u e cando las manos j u n t o á los oídos Eara tratar de oír la última palara d e l desventurado marinero. Fuerte y distinta llega al travos del huracá. n su voz ritaudo: ¡CaoÍt á n capitán, el mástil se quebró... Un 3 ola fonnidable pasó, nivelando la superficie del mar; ya no vi más que la blanca estela d e la fnigata. que iba como alma que lleva el diablo, C u a d o el capitán t e n n i n ó su historia, calló un momento, su espeso entrecejo RTÍS se crispabni; las a r r u g a s de su frente se contraían, Bebió un g r a n traS o de punch. -Y cómo se l l a m a b a aquella víctima del deber? -preíjunté yo después de algunos instantes. El cüpJtán alzó los ojos h a d a cl teclio y meditó un rato. ¿Su nombre. -díjo, ¡Abr Tues n o lo sé. E MF. LCHOlt UK V O G Ü l i