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Vícíima del deber p I, capitán í! e vapor njerctintc ó iTtiy, nÚ 6. niíco es el jíífíf ípuprtTiio y p; at- riial d e A familia que se reiint á bordo d u r a n t e a l a m o s días: e alante con las dajiias. ¡ndifertnte y frin en los üíiunto de servicio, alejare eti el salón, con f i l e n a simpdlica alegría franca de los a i r a s de aldea viejos a l e x i a ue es secuela nahiral del citniplimicnto cotidiano e un deber modesto y n t d o Pronto se traban amistades con estos bonibres d e cora! í n eriírpico y abierto, á quienes cnnfinría uno el honor coitio les confía la vida, sin v icilar, Hi snefio dorado de todos ellos para el día del retiro es nna casita tranquila en la costa de i roven 7. a. y al THCs campos de siemprevívaSf que produzcan basta unos seis mil francos de r t n t a Las siemprevivas, esas flores d e muerto q n e cubren los cementerios d e París, bun sido cultivadas por marinos viejos, por manos q u e lian gobernado el timón, desafiando í las olaSf antes d e couíiagrarse á cosechar los emblemas del reposo. 3 El capitán del T maij; d e las Mensajerías Marítimas, pertenecía á u n a familia de colonos ingleses eitablfcida ep Santo Dominfio y a r m i ñ a d a por la rebelión de los negros, y babicndo ingresado muy joven en la marina de guerra, aceptó cual otros mucbos c a m a r a d a s SUVOSH en tiempo d e paz el m a n d o d e un v a p o r mercante Muchas veces lue babía yo encontrado al capitán B... en mis viajes, y cu cuanto le dix isaba sobre el puente, con su sotabarba enlrecíina. al e m b a r c a n n e en Constantinnpla. en Sminia 6 en Jaffa. teníalo por presagio de u n a traves í a feliz, con l a r g a s c h a r l a d a s y p a s e a t a s p o r l a loldilla, d u r a n t e los c u a r t o s d e noche. Ucsde la primera mirada se penetraba en aquella alma sencilla que evocaba el recuerdo d e las a i s marinas en lechos de roca, reposadas, frías, d u m i n a d a s hasta ei ioudo d e a n i t o También el decía sentir impaciencia por retirarse á cultivar las siemprevivas, Suponj o que h a b r á ya realizada su s u e ñ o d e oro, pero estoy s e g u r o d e que siente n o tenerlo, y que á veces transcurre horas enteras volviendo a t r á s la vista hacia aquellos h e n n o s o s 3- dulces aüos pasados en el m a r Cu; indo el c- pitán B... se s e n t ó j u n t o á nosotros, u n a joven pasajera le rogó que narrase algún incidente dramático d e s u s veinticinco años d e navegación. El capitán sonrió encogiéndose ligeramente d e hombros como un viejo es éptico á quien sus nietos piden qne les rm- nTí in. -i bisloria di- duontles o aparecidos: pero después d e un instante d e vacilación, d u r a n t e el cual pareció q u e luchaba con un niai recuerdo, exclamo: -Ved lo que son las cosos: en el colegio nos enseñan u n a porción d e fras, es bistórícas de efecto atribuidas á griegos y romanos: pues bien, en u n a noche como ésta dejamos nos- f visto tantas cosas g r a n d e s y t e m b t e s que n o han menester inventar nada. -Hn i8, -dijo- -la jíntij aparejó en Chcrburgo p a r a hacer la travesía de las Vntillas. Vo era el sepo nndo d e A bordo, y tenía entre mis marineros á un mozo d e Ploulgoec. que d u r a n t e el tienif d e la iccucia se babía casado. Reembarcado con nosotros p a r a cumplir sus años de servicio, e pe ab a coger