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cien ejecutantes l o c o s la emprendiesen á un tiempo con el crescendo de la overt u r a d e Los? naestros cantores. En estas amenas condiciones viven los excelentes s o l d a d o s que guarnecen Alhucemas y d e quienes nadie suele acordarse, por lo mismo que éste es uno de los servicios más penosos que la patria confía á sus hijos. D esde el di a 28 de Agosto de 1673, en que la plaza fué ocupada por los navios e s p a ñ o l e s San AgtisUn y San Carlos, hasta el día de la fecha, apenas se habrá preocupado ningún gobernante español de que poseemos en África esa posición tan importante, y de la que c u a l q u i e r otra nación más celosa de sus intereses habría procurado sacar partido. Llevados, como siempre, de nuestro amor á lo fantástico, teatral y folletinesco, lejos de aprovechar las magníficas condiciones de la bahía, cuya extensión es de unas ocho millas y en cuyas márgenes se podía haber creado una población que sirviese de base para establecer comercio y comunicaciones con el interior y para ir a p r o x i m á n d o n o s amigablemente á los africanos, como ha hecho Francia en Argelia y como hace Italia en Trípoli, nos hemos contentado con fortificar mejor ó peor un pedrusco, por la. melodramática posición que ocupa. y en vez de nviar allí comerciantes que representasen la industria y la civilización, xt xy. -y i, TORRE D E L VIGÍA Y GOBIERNO MILITAR y r, Q EMBARCAD ERO DHL PlíNÓN I) JÍ ALHUCliM. -VS CALLE CALDERETA FOTS. DÍA? GONGORA h e m o s enviado presi- diarios, representantes d t la barbarie y muchas veces inferiores en cultura y en sentimientos á los mismos riffeños que a n t e s del siglo XVII ocupaban la bahía y peñón de Alhucemas. El único espectáculo eminentemente español que las kábilas vecinas de Alhucemas pudieron presenciar el 15 de Noviembre de 1838, fué la sublevación de los francos de Granada que guarnecían el presidio, y á quienes los 7 confinados políticos, carlistas en su mayor parte, lograron convencer para que se pronunciasen y alzaran en fa or del pretendiente llamado Carlos V. Poco tieiupo duró el pronunciamiento, pues comprendiendo los sublevados, en total 280 hombres, c ue no podrían resistir á las f u e r z a s que contra ellos se enviasen, apresaron dos b a r c o s mercantes y huyeron hacia E s p a ñ a llevándose las municiones y las piezas de artillería q u e había en la plaza. Con la ayuda de los buques de lamarina de Francia y de Inglaterra que oportunamente se había solicitado por el Gobierno español, fue- ron perseguidos los subíeva dos, los cuales, ya por encontrar vientos contrarios ó porque los patrones de los buques buscasen huir su complicidad, fueron á parar a l a costa africana, arribando el uno á Oran y encallando el otro en la misma costa. Las autoridades francesas los apresaron y desarmaron, conduciéndolos á Tolón.