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i, t VA ttiyC 2- A la Cdmara. listas últÍTiiüri palaljTas laa ov S el duque de Nemours al entrar en la liab ¡tacE ¿n de la íím uesa de Orlcans. Era la única persona de la familia real nuc se había juedado en Palacio para acumpíiiiíir a la viuda de sii hcnnano el duque de Orleíins y para resígriará su favor la Regencia que le correspondía cou irreg lo á la lev, I- n los niümciilins uii- jinos en que la duquesa de Orleans y las persünas que la seg uian sallan de las Tullcrias por una puerta, pnr otra cutraba t i pueblo- 1. a duquesa daba la uiauo al conde de l aríSn V un ayudante llevaba al duque de Ch irtres. Al alravesarcl pucntcde la Concordia, el coude, el nuevo rey de Francia tropezó y dio con su eiiei po en tierra. No se había causado daño y se levantó al instante. Hubo quien pensó que aquel era un triste presagio. Desde el lo de Agosto de 179 érala terctra vez que las masas embriagadas por el triunto. peuetrnban. en son de írucrra, en el Palacio Real. Por allí pasaron de nuevo como un torrente, destruyéndolo y dcsbaratáudolo todo, listas escenas ocurícron á la una de la tavác. y la Cámara de los iJiputadog estaba reunida desde las doec- Allí se hallaba j aThiers, pero nadie daba razón de Odilun Barrot- Cuando se supo la llegada de la duquesa de Orleaiis se colocaron al pie J e la mesa presidencial tres sillones. I, a Regente entró en la Cámara en medio de profundo silencio, que significaba stntimicntoa muy distintos, Kl presidente M. Sansel, puesto de pie, concedió la palabra á ai, Dnpin, quien dio cuenta en brevísimas írases de la abdicación de Luis Fel ¡j. e. Sus palabras fuerun aco das por los diputados que ocupaban el centro de 1 A Cámara cou tres entusiastas aclamaciones: y T- ÍÍ elriyf ¡Viva ílí iu r ¡tí J arL i Vh iz la Rr rtt -r -Señores- -dijo el uresidentc, -esas aclamaciones indican que la Cámara, por vnlo unánime... No pudo concluir: las protesta; ahogaron s a voz, y desde aquel instante imperó terrible cotlfiisión. Todos quisieron hablar á la ve La duquesa de Üricans comprendió que la causa de su hijr estaba perdida; pero hubo un epi. sodio que la dio n u e v a tsperauJ a. h a inesperada presencia de M. Odilou Harrot calmólosáuiínos. Su voi- se bi o oír, y su o7. se pronunció en defensa del conde de i ariss Cuando pareeía que la tempestad se disiiiaba, las puertas de la Cámara se abrieron con estrépito y dejaron jiaso franco al pueblo, al mismo pueblo que había invadido las Tullerías, Nadie pensó entonces más que en buin I- a diiqncsa de Orleans abandonó la coronr del conde de Pari para defender la vida de sus Allí se proclamó la República; se foi bierno provisional; e levantó sobre el pave á Lamartine y se glorificó á Luís Blanc. Así concluyó eu París el 2 de Febrero de 1 S 4 S, día sin ifiual en la Historia, í u pocas horas cousumió el prestigio y la popularidad de muchos hombres: echó por tierra tres ministerios: derrumbó dos tronos; puso fin á una Kegcueía y proclamó una Kcpública, CHISTÓHAI. B O T E L L A ll jOS DE 1: A ¿Q L E