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RECUERDOS DET. SIGT. O X I X p i 23 de Ftbrero de 1 S 4 S, el rey se Uecidió al fin á íicpararse del lUJuisU- rio de Gui c t; llamó A las T illerías ÍLI presUgioso ministro M. Moít y prometió l: is rcformiis- Al aaocliccer del día 2 estcadiúse por TiLTÍs la buena nueva, que produjo eu el pueblo entusiasmo indcíicriptible. La íiiuchedumhro recorrió laa callea cantando y yntaudo cou gran júbilo; desaparecieron las barricadas y se CUK lauaron las casas, y poco de bis diez de la ncjche. apiñada muUitnd cou banderas y baclioneíi üe detuvo ante el ministerio de Tsegocios lixtraiijeroa pidiendo que se iluminase el edificio, Ku aqUQl momento sonó un Uro. y los mililarcs íiut allí estaban, creyendo que alguien les atacaba, bicieron una descariña, dejando en tierra, entre muertos y heridos, 52 personas. Apoderóse del pueblo furür inaudito; colocáronse los cadáveres sobre an íarillas, y á la luz de las antorcbos y iú y rito de A l rs arm si; J. Í non a rsmn. invadieron las mayas de nuevo las calles de la capital, A las doce de la noclie llenaba el espacio el (estruendo de I05 tambores y de las campauaíi que tocaban á rebatü. De este modo amaneeio el 34 de Febrero del añf jS, Toco aules de la una de la madrugada avisó di rey por tercera vez á M. Mole, que aún no se había presentado en t alacio. Viendo que no llegaba, decidióse el rey á llamar á Thiers, que no se bizo esperar. fbiers aeeptó el Gobieruo; impuso el nombre de Barrol; redactó breve alocucióu d í r i p d a al pueblo, prometiendo moralidad, libertaíts y relonnas: ordenó que su manifiesto apareciese al despuntar el día en todas las calb de París, y retiróse tranquilo l descansar. Cuando amaueció parecía I arís un cauípjmento, y aún uicjor. un campo díí batalla, 1, Thicrs se había equivocado; ni sus promesas, ni los presti -ios de iu uonibrc, habían influí bi en el ánimo del ueblo, Acompaiíado de Odilou Barrot fue á las barricadas y arcuiíó á U uiucbcdumbre. y sus pabiras se perdieron en el vacio- A las siete de la mañana volvió á las Tullerias y ítlH reunió á los ministros; adoptó nuevas medidas y mandó que las tropas conservaran sus posiciones, sin hacer uso de los armas contra los paisanos. Dos horas después obser óse en el propio Palacio desusada agitación, y las fuerzas encargadas de sil defensa se apercibieron para la lucha. Era que hasta los mismus muros de la re a estancia habían llegado balas dissparadas en la calle de Rívoli. l, a d: iquesa de Urleaus tuvo que cerrar las ventanas de sus habitaciones se trasladó á las del rey y ordenó que se vistiesen apresuradamente sus hijtjs y se Irasladaseti á la- s que ocupaba la reiua. Se cogiiíion ti- es ó cuatro pdcuneros, se doblaron Jas guardias y l: i calma volvió á Palacio. E