Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
IGNACIO IGLESIAS ASAS, el gran artista, comenzó á dibujar nerviosamente. Iglesias, el dramaturgo insigne á quien hoy festeja Barcelona, continuaba: ...Tengo treinta años: desde los diecinueve lucho sin descanso. En aquella época estrené mi primera obra en el teatro de la Gran Vía un lluvioso domingo por la tarde. El éxito fué ensordecedor. La prensa ¡ni nombró mi drama! ¡Nadie me hizo caso! Mi humilde familia, que no entiende de estas cosas, me creyó loco... Otra noche, mi excelente madre me escondió la gorra y me quitó del bolsillo dos únicas pesetas Logré escaparme. ¡Desde San Andrés de Palomar al teatro! Con la cabeza desnuda, corrí algunos kilómetros. Llegué jadeante... Limpié el barro de mis pantalones; entré en el escenario. Acababa el acto. Me vi en las candilejas aturdido por los clamorosos vítores del público. Luego un drama, y otro y otro... Así he llegado á Els- uells, que no es el mejor, aunque sea el de mayor éxito. ¿Cuál la génesis de esta obra? ¡Verá usted! Como Ibsen tiene su mesa en la cervecería, tengo la mía en un café de mi solitario barrio. A ella acuden obreros y aficionados al teatro, á los que alecciono. Un día encontré allí á dos viejos, parroquianos nuevos... Hablé con ellos. Eran dos vencidos. Trabajaban, á pesar de sus sesenta años y pico, i6 horas diarias y ganaban 8 pesetas semanales. Escuché emocionado su historia de dolores. Esos dos viejos son los protagonistas de mi obra; sus penas me hicieron llorar. ¡Comprendo que, oyéndolas ahora, llore el público! La otra noche fué uno de ellos á Romea. Se negó á pagar la entrada. Se creía con derecho á entrar libremente... Vino al escenario y se fijó en Borras, que lo caracteriza admirablemente. Se encaró con el notable actor y díjole: ¡Está be vosté; pero representa deu anys mes quejo! En Elsvells late una protesta; al final apunta. un ideal, mi sueño, el teatro que yo haré... El dolor es la realidad ambiente; hay que arrancar la alegtía de una vida fuerte y sana, del mismo dolor tan humano. ¡Voy á eso! E interrumpimos la conversación. La luz, tamizada por la esmerilada cristalería, caía suave en el retrato, que, concluido, era el mismo Iglesias con su mirar hondo y triste, su expresión de áspero mis ticismo, su cabeza enmarañada, con toda su alma resignada pero rebelde, tenaz, de luchador, sorprendida por el inspirado artista catalán. DARÍO P É R E Z DIBUJO DE B. CASAS