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diciifio á su cuello j á susbr. iKOs luAs dura? cadrmis. apr laJido a n a s c u u i r a o l i a s l a s c, ibri a i tlr la piara T, a d u l a d la irictrópolí so lo traga lodo, csfiicn- os de la naüiralc i y de los lj. njiibrc í, y el campo, el noble y bcnnuíio I t r r u ñ o p c r m a n t c c soUlurio 3 tri. stc, como pudre vícjü i quien sus hijo; nbandonan y xiien jsprtciaii. Como cansccuenría del absurdo vívlr de los r i u d a d a n o s ó cortüsanos, el amor ni paisaje JC pierde, no nos intereíHin máH q u t j jf nrm. los h o m b r e s y las mujeres, y il v o en cuello pedímos á toda obra de a r t e q u e sea a n t e lodo humaKa, cuando dcbiíramoí! c o n t e n t a m o s con q u e sobre todo y ante todc fuera líatunrl. ya t ue es lo natural, sepiin se mircH flor y fruto de Jo divino, couio pensaba el vener ¿iblf inaeslx lY. Luis du Lctiil, ó raiz -fundamento d e ello, como probaba el niaeslro I- Luis d e (irnuada I oT eso el paisaje ocuna tan poco Inpar en nncülrfi literatura, y contamos en ella obras maguífií íts en q u e no se bace mcucidn de arboles ní de fuentes, de prados Í de bosques, V lo mismo nos sueetlf cu bt pintura, sieTJdo de notar q u e el má ilustre paisajista espaf ol cou los pinceles fué el primer pintor de totlos, Vclázquez, así como el más insigne paiííajista con la pluma fué el primer escritor de todos Cervantes. Pensarán a l g u n o s que n u e s t r o genio, en otros siglos inquieto, levantisco é i n d i n a d o á la acción, íiueHtra altiva y activa cólera no nos daba cabua y paciencia p a r a recrcarno. s en la conlcmjilaciciu y fruiciíjn del paisaje, como bacínu los cacbazudos íiolandeses, maestros é inieíadorc- s del género, pero desde a ucüoí r. -rmfifs á los actuales ha llovido mucbo, y es lo cierto q u e la ni; iyoría dk? los españoles no aeiert: á sentir la hermosura de la Naturaleza, no ama al campo, no reverencia al ¿irbub no interroj a con anbelo y entusiasmo á la p l a n t a y al arroyo no se recrea oyendo lo. s sordos ruidos del sileneiF; campestre. La frase v u l c a r sí rrí crr rr ¿a h erli. -i, cu VCK de ser u n a expresión poética y casi mnsical, tiene uu sentido bajo y despreciable y se aplica habí tu a I raen te á g e n t e d l l a s habilidosiis, m t z q u í n a s é iutrigantueías, maestras eu las malas artes del vivir c i u d a d a n o Este desprecio del paisaje v este desapoderado aiuor á fií uras, figunll: is y fiíjurfineñ forman y modelaii espíritus gurrviminos de burócratas comincrns. politicuebos sin ideas m sensaciones, y cícateruelos de lodos los órdenes, hombrecillos q u e no saben vivir sino bajo techado: ¡ícretj á quitneü d aire libre embaza, el sol p u r o deslumbra y el suelo sin ladrillos despea. Aún hay artistas, literatos y músicos á q u i e n e s n a d a dicen los árboles y las a g u a s corrientes y q u e cousider. in el paisaje bufiio pira fondo, pero nada niásPrívanse volunt: riauitnte estos desdichados d e un m u n d o entero d e sensaciones inapreciables, de u n a grandísima cantidad de piedras de toque y términos de comparación fiara contrapesar y equilib r a r l o s efectos dejtruelurcs que en el á n i m o produce la eonsideración cotidiana de ios lioitibres, de s u s pasiones y luchas. Lo que se llama ordinariamente po id. -r, ición futr is no se verifica en las algias delicadas d e otra m a n e r a q u e e n c a l m a n d o y a p a c i g u a n d o la sobrexcitación t ue t i t r a t o y comercio h u m a n o s producen, y para lograr s t m e j a n l c calma y aplacamiento n o h a y ma. s ní mejor terapéutica que el paisaje sin íiguras. ¡Cuántos n o m b r e s no conocemos menos apreciables sin d u d a que u n a planta ó q u e un árboll jQué diferencia no h a v entre u n a rosa de Alejandría y uu ministro de Hacienda, por ejemplo! ñcrá más útil a l a humanidad, más hermosa y más moraÜzadora la exi. stencia de un magnífico álamo n e g r o ó la d e un sujeto de eSíis q u e se dedican á la t- i m ra -rnti nu- rc intiL ó sea á la nchlr usura? Amable y estimable es á veces la h u m a n i d a d pero no h a y ningún homlire discreto q u e u n a s cuantas veces no h a y a sentido impulsos d e huir de ella, e x c l a m a n d o con un g r a n d e y m a l o g r a d o filósofo español; Prefiero á los h o m b r e s los animales, p o r q u e n o hablan: y prefiero á los animviles los árbolcSn p o r q u e ni siquiera se mueven. muLi aa DS SOUTO ENE