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SUEÑO DE CARNAVAL o c H E de Carnaval en el alcázar de la reina Locura. Orgía de luces, de canciones, de risas... La reina, erguida en su trono, repiquetea á intervalos los cascabeles del tirso, y entonces los ruidos se desbordan como espumas, y las risas estallan como chisporroteo de fogata. Después viene un instante de calma; hay languideces que flotan en el aire como jirones de neblina; los ojos se entornan; los labios, en vez de reir, besan. ¿Qué es esto? -dice la Locura indignada. ¿Por qué habéis dejado de cantar? ¿Qué significa este silencio? ¡Reid, necios, reid! Sacude el tirso frenéticamente. El silencio responde á sus voces, y el argentino cascabeleo va chocando en los muros j repercutiendo de salón en salón, dándose á sí mismo irónica respuesta. ¿Dónde estáis vosotras, las Risas? Y las Risas, humildes, responden: -Señora y reina, nuestra... La Locura interroga: ¿Por qué abandonáis á mis subditos? -Señora, oculto hechizo destruye nuestro esfuerzo. Un genio maléfico va interrumpiendo las canciones y apagando el reir... -Búsquese al culpable y venga á mi presencia. Pausa. Los emisarios de la Locura recorren el alcázar; bien pronto retornan, trayendo prisionero á un rapaz de azules ojos y encrespada greña. -Hele aquí, reina. ¿Quién eres? -Soy el que hace llorar á los que tú hiciste reir. -Pregunto tu nombre. -Amor me llamo. ¿Y osas desafiar mi poderío? -Me hizo el destino, señora, fuerte como la muerte. -Sueñas, rapaz; conozco á los hombres, y sé que una mirada quiebra tu cetro y una sonrisa hiende tu coraza. ¡Mío es el mundo! ¡Mía es el alma! -Vasallos: arrojad de mi presencia al temerario que me hace frente. Salga de mi reino. Ved que me he de vengar. -Defiéndete primero. El rapaz calla. Las Risa. s se apoderan de él y le arrojan del alcázar. La deshecha alegría renace. Vanse buscando por los aires los fragmentos de risa, y se anudan en cadencias de arpegios. El baile se hace torbellino... La Locura triunfa... Oyese un canto lejano, triste como si todos los pesares de la tierra se hubiesen encargado de darle ritmo: la voz que le canta parece emplear sollozos por notas... ...Dióme la vida amargura en deseos y en pasiones. ¡Oh, Locura! tú, que sanas con sonrisas corazones, llega y cura mis tristezas con tus dones... ¿Quién se atreve á cantar tristezas á mi puerta? -dice la reina. -Señora- -contestan las Risas, -es un pobre extranjero que pide compasión. -Decidle que pase de largo. i- 7 JSÍ Í -Si iJk