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la pcsJida niilie se k v a n t ú y dejando la crestas d e lo m m i t í s sumíílaü en IÍIÍ tÍTUi? l las de íiTilaÜn. reIrocc lió li. ncia Ins regioa s d t Héspero y se lltívd lejos del valle del Cúsped Vtrde el eíspi cLiculo d e su purpiirea m. igtiifkeíicia. -í in e m b a r c o Hlconora no l i a b ú olvidado sus pronit sa. porqui en t o m o mío no d c j é d e oír el b l.i neeo de los ánj ílicos inceiisaríos, y los eflvivios del cde líal perfume flotahau sitinpre, sicinpre al IraV ¿s del valle: y en las horas de soledad, cuando mi corazón palpitaba con fuerza, los vientos que oreab a n mi frente llegaban cíirgíidos d e dulces suíipiros; m u n n u l l o s confusos llenaban el aire por las n o ches, y Uaa ve? ¡oh! una ve ¡t tan srslo- -desperté de lui sueño, pesado como el sueño de la muerte, p o r q u e unos labios ¡nmaicriales habj; iu robado los míos. Mas. d pesar de esto el vacio de mi corazón no se llenaba: estaba ansioso d e aijuel amor Í WG le había i n u n d a d o A 1 lí rga el vallCn poblado j or los recuerdos d e Kli onnra, se me lii o inbübit -ible, y le a b a n d o n é p a r a hiempre t n busca de las v a n i d a d e s y triunfos tumultuosos del mundo. J í e encontraba en lina d u d a d cíxtranjcra dunde todas las cosas parecían hechas para borrar de la memoria los dulces ensueños t a n t o t i e m p o acariciados en el Valle del Césped Verde. La pompa y aparato d e u n a corte imponente, el resonar o ¿lÍco de las armas y la btlle a esplÓTidida de las mviieres. todo deslnmbraba y embriagaba mí cerebro; pero hasta t n t o n c e s mi alma liabn; permanecido fiel á s u s j u ranientos, y en las hora, s silenciosas de la noclie, Eleonora se ruia d á n d o m e señales de sn presencia. Súbitamente, e s t a s apariciones ctsaron, y el m u n d o s e ennegreció á mis ojos, y q u e d é espantado de los uensauíientos ardorosos que me poseían, de las ti rrihles tentaciones que me asediaban, porque de lejos, d e muy lejos, de no sé qué país dc conocidu. habla llegado á la corte d l r e y á q u i e n y o s e r v í a una joven, cuya hermosura conquistó al punto mi euraíón apóstata. Anie su altar me prosterné sin la men o r resistencia, con la más ardiente 3 abyecta idolatría amorosa- íQué era, á la verdad, mi pasión poi la dulce niña del valle en comparación con el fer Qr, el delirio y el éxtasis creciente d e adoración en q u e se desbordaba mi alma llorosa á los pies d e In etérea Ermcnearda? -iüh brillante y seráfica Ermengardaí- -exclamaba, y esta idea no dejaba l u g a r en mi Animo á otra alguna. Oh divina y angelieal E r m c n g a r d a! Y cuando me h u n d í a en la profundidad d e s ú s ojos impregnados de nostalgia, no soñaba sino con ellos y con ella. Me c sé con ella sin temor la maldición que había invocado... y n o reeibi la vínita de su fantasma vengador. Y u n a v e lina vez tan sólo, en el silencio d e la noche, los dirlces suspiros íjne nie habian y a abandonado, entreabrieron las celosías de mi ventana, y modulando una vo 7. deliciosa y familiar, me dijeron: -Duenne en pai- portiue ei espíritu do amor es el Soberano gue gobierna y que juz; a. y al recibir tu corazón Apasionado A Rriuengarda, estás relevado del j u r a m e n t o que hiciste a l -leunora. por en motivos q u e te serán descubiertos aquí... en eí cielo. HtJOAK r O E I IUL JDS D E C. FLA zC