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EL ATARDECER 1 A luz fria y tenue d e l a opaca l u n a de invierno couiicnza 1 liicliaj- con los ftifíítívo j rcflejí del cre pii íuio cii lus campoü luuertu Los troncaíí de íiiudos e ennc -rt ccu y prouto sus ramas secas parecerán IJM OS y a. las dt fanLnsiuas extT 3 os y temibles. La tierra rtuenue. Ln v i d a se rciugia en el híibiLual asilg d la luueric, debajo de t í c u a l ixs scmillny sepultad: ig eo el lerruíío viven, se desarrollan, prccrcati, trabajan p a r a el inafiaua incierto. Kl hielo no las cunja, eí frío no las ateniori a; la lluvia, q u e í i h a m b es anímales hace estremecer, a ellas les alienta y vivífica. Ministros y á n R c l t s d e Dios. IOÍÍ ayeutc químicos q a t en la tierra l a b r a d a obran, reaccionan, deScomioiicn, íeniienlan, preparan el p ü r v e n i r d e i hcinibre, el pan nuestro tlt cada dia, q u e si baja del ciclo en orma de lluvi is y de nieves, también sube del snelo L- H forma de tallos y de espigas. Aiardece. La Itítia, como u n a oblea ani ¿inUa, q u e d a única dueña y s c á o r de los campos, repartiendo en QUOS SUS ravos nnsterio os. Todo parece hallarse quieto, moribundo: pero el sabio y el b u e n o comprenden que todo está eu actividad, iiue todo trabaja y tiene vida, porque dijo bien el sabio que vivimos de la muerte. f