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NOVELAS RELÁMPAGOS EL NEGRO DE LAS EIEKAS I hace Jladrcsila lo Q VÉ fnoNo se penc este Mndn, calle. Se a u c d cunn Dolore! u para en I3 a má liclao que lo sorfeelc que se l e s c r í a n al comandante ínclita de la colonia. Perro d e hombre! l or su mala E n re me veo yo a h o r a tan lejo de mi patria pidiend o li mona. El creerá q u e hace tiempo estoy en el e s t o m a de un cachalote. Los que se escapan á nado del pontón se lo engullen lo l i b u r o n e que rondan el harco. No me falló mucho pa que m e devoraran. í, Siquiera calentara el sol! Pero quiá! Esto n o ésol. No h a y más sol q u e aquel que llueve fuego sobre lo desierto d e arcua, j u i c n me diera verlo ahora! ¡Quién me diera atravcsá á mido, con el cuchillo eu lo diente, la desembocadura del río. ¡Y lo arbole de por aUL que no lo abarcan seis hombre co idito de la mano! 111 iTonco d e aquí son una miseria. Luego por acá uo hay una mala fiera ni pa contalo! -i. jQué hambre i c r g o! En nii paí no lo pasaría, porque con subirae á urj banano y coge meaia dosena de plátano, lito, ¿Qué haré? No encuentro trabajo, Tdo el mundo se ríe d e mi: lo chiquillo me tiran piedra. Hata q u e un día me siegue y mate ¿uno. jSeiió, u n a l i m o n n a por Dió pa el pobe negó, q u e n o hh tximido nada hoy! 4 ir -jVaya. eso m i d o que salen de eso cajone cor la mirilla abierta en lo alto, j u n t o al tccho son rugido! -Si lo conoseré vor Pcro ca! ¿Rugido aquí? No é posible. H e oído mal. Con el hamlírc no tíé uno bien lo -ientido. Sin embago, lo cajone parcsen jaula tapada con tablone. y la n m l j que lo arraslrait vau alannd. con la nrcja tiesa, olfateando al ío. Y son balante carro! Die. ¡Hola! P u e ahora íio me cabe duda. Ahí dtulTo va un Icón. Le preguntaré ú uno d t los carretero. iCdmoí ¡Fiera? Llevan utede fieraí Ficra en Madrí? á d ó n d e ¡A u n a casa que h a y en un j a r d í n que se llama e iietiro! drasía seiVi. Hcho detrá de lo c. irro, por ele camino, y así no me pierdo. Oh! Yo nesesilo ver ese Icón, y la otra fitra nUf vienen ri n i Quién iba á sospecha que nqiií hubTcra fiera ¿Cómo rugef ¡Acostumbrado á I3 liberta y al calorf l e u a l ÍJUC VO. L O do somo extr. injero, Qué es eso que descubro por la mirilla de ese otro cajón? Un cuello dejir. i a. Hemo llegado. Pero -mié. (Qué cucta dinero la entrada? ¡Si yo no tengo un séutiniof ¿Y cuánto, buen señó? Do realc? Do rc- ile lie dónde saco yo do reale, sí ni para un panesillo dipongo? V mienlra, lo carro salv. in la verja, dejándome á uií ¿la puerta. ¡Dio sanloT Vo nevé sito i toda cota eso do realc; ¡pero sí aquí no h a y apena gente á quien alarga la mano! Lcón de mi vida, q u e no te v t ü hoyl ITT- -Tome usté, señó. Creía usté q u e le encañaba? Ahí van lo d o reale. V e n g a mi billete. ¿De modo que I uedo está aquí todito el tiempo jüe me J é la gana. Bueno, Pue v. inio para adentro.