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HERALDO DE MADRID v C A R T E L DEL H E R A L D O P I N T A D O POR S O K O L L A I Ejos están ya, por fortuna, los tiempos en que la Prensa arrastraba una existencia precaria. á merced de protecciones inseguras y del bamboleo constante de los partidos; lejos las épocas en V que el periódico, obedeciendo a un criterio doctrinal cerrado, servía exclusivamente á la secta y á los afiliados á ella, y no llegaba á establecer comunicación e s p i r i t u a l asidua, cotidiana, con el público, único dueño y señor á quien sirve hoy la Prensa, cuando quiere vivir robusta é independiente vida. El artículo famoso de F í g a r o ¿Quién es el público y dónde se le encuentra? es uno de los pocos de su autor que podrían enterrarse hoy día. Ya se sabe, ya se conoce con t o d a exactitud quién es el público; ya es fácil encontrarle en todas p a r t e s seguirle á donde va, adivinar sus gustos, reconocer stis aficiones y tendencias. Lo que no es tan fácil, lo que aún constituye obra de romanos es dirigirle, formar su gusto, encauzar sus ideas. I, a prensa de gran circulación no es ya un cuadro pintado con figuras dibujadas á capricho de uno ó de va- rios señores, sino un espejo fiel, claro, que con exactitud y precisión refleja y reproduce el pensar y el sentir de la multitud. Mil II I Mili u E x i s t e entre mucha gente el grave error de pensar que los lectores í fí de los grandes diarios no se toman el trabajo de discurrir, sino que al ad quirir el periódico prefeferido compran por los cinco céntimos una cantidad de opiniones y de juicios sobre sucesos é ideas para aprovecharlos después en la coliversación. Nada menos cierto. Si así fuera, sería tarea facilísima el escribir un periódico p a r a l a muchedumbre; -Pero, precisamente, ocurre lo contrario: que el periódico más favorecido por el público es aquél qtie con mayor agudeza y precisión reproduce lo que éste hace, piensa y quiere. Y como el público es una masa ondulante, amorfa, escurridiza, de escasa consistencia y tarda en pronunciarse en cualquier sentido, de ahí que se requiera habilidad grandísima para eso que l l a m a n T á sar la opinión. F A C H A D A D E LA CASA DEL H E R A L D O Conseguir t a n difícil triunfo es tarea de entendimientos muy perspicaces, de oídos muy despiertos, de plumas muy