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Los de la camarilla no se descuidaron, y apenas salió Narváez de Palacio arreglaron el Ministerio que quedó constituido en la siguiente forma: Presidente del Consejo y ministro de la Guerra, el conde de Cleonard, teniente general, de ideas eminentemente reaccionarias. Ministro de la Gobernación, D. Trinidad Balboa, mariscal de campo, que tenía muchas simpatías por los a. bsolutistas. ii? í? Hacienda, D. Vicente Armesto, que no había pasado de contador de la clase de sesjundos del Tribunal de Cuentas. Ministro de Gracia T -TÍ T gado del Colegio de De Estado el COIK I Bermúdez v secretar tillos, brigadier de 1. El efecto que proc que vivían alejadas de la política se escandalizaron. De las más sorprendidas é indignadas fué la reina madre doña María Cristina, que vivía con su segundo esposo D. Fernando Muñoz, duque de Riansares, en su palacio de la calle de las Rejas. No pudo contenerse, y se fué inmediatamente al regio alcázar, diciendo á todo el mundo que iba á enterarse de si su hija se había vuelto loca. La entrevista entre las dos reinas fué borrascosa. Doña Isabel se defendía con sus lágrimas, pero María Cristina no salió de la estancia c e su hija sin haberla resuelto á deshacer lo hecho, volviendo államar á Narváez para que se encargase otra vez del mando. Narváez, aunque e- staba muy disgustado, acudió al llamamiento de la Soberana, y después de oponer alguna resistencia, aceptó la Presidencia del Consejo de Ministros, reconstituyendo el Gabinete que había presentado la dimisión. Cuando el conde de Cleonard fué al día siguiente á despachar con la Reina, se encontró en la cámara real á Narváez, que le dijo muy risueño: -Mi general, no se moleste usted, que el que despacha con S. M. soy yo. Retírese usted, por lo tanto, á su casa, y descanse de sus fatigas. Tal fué el Ministerio Relámpago, que no duró en el poder más one veinticuatro horas. La primera disposición de Narváez al volver al poder fué preñe er al P. Fulgencio y recoger todos los papeles que tenía en su celda del convento de San Antón, en la calle de Hortaleza. Desde el Gobierno civil le mandaron al convento de su orden, en Archidona. Sor Patrocinio fué desterrada á Talavera de la Reina, y su hermano, el gentil hombre Quiroga, á Ronda. El duque de Valencia triunfó por aquella vez de la camarilla del Rey consorte, pero no disfrutó mucho tiempo de su triunfo. KASABAL D I B U J u S IJE ESTEVAN