Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
TALUDE: DK L L U V I A O M o si hubiese iiua reiiníí m de bolsisias CÍI el ciclo Imblaiido d e la baja de los fondos, las n u b e s se complacen eií envLaruoü rociadas d t lliiví: i m e n u d a y fatigosa, q u e empapa los cuerpos y entristece las ahuas, ¡Lloviendo, lloviendo siempre! Dicen que esa lluvia continua es beneficiosa p a r a los campos; j m e s entonces por q u é cae dentro d e las ciudades? Las n u b e s q u e nos obsequian con ella están estafando á la Natnralei c a d a u n a de esas gota. s p u e d e ser en el campo u n a espiga; en la ciudad sólo forma barro ¡Y qué barro tan innoble y tan despreciable! En la senda enlodada de la aldea, cada pie q u e la piüa deja u n a huella distinta y clara; contemplándola, p u e d e decirse sin vacilación alguna: -por aqní pasó un hombre y cuando el sol endurece días después aquel barro, el tosco vaciado del p i e h u m a n o se fija y permanece d u r a n t e algún tiempo como sello del dominio del hombre sobre la tierra; pero en ese lodo pefrajosoy cernido d e las ciudades n a d a se graba, n a d a se determina ni se concreta; los mil pies d e la multitud lo pisotean y desmenuzan sin dejar en él huella, ni contomo; es un lodo indífereíltc é inactivo que ni sirve p a r a lecho del g e n n c u ii retiene la forma del pie que lo pisa. Sfanchar es todo su oficio; parece que lo escupen bocas de envidiosos Y esta Unvia sin t r e g u a q u e nof? amodorra! Reconozco, sin embargo, que el ver llover tiene á veces s u s delicias. Hs g r a t o ver llover cuando en compañía de la mujer a m a d a n o s a p r o x i m a m o s á los cristales del balcón diciéndola: jM ¡ra q u é calle tan desierta! ímira qué lluvia tan copiosa! i Tarece que la cortina que forma delante d e nosotros el a g u a nos aisla y nos separa del mundo todo, haciendo más íntima nuestra intimidad y más esquivo nuestro apartamiento. Es grato también ver llover cuando al soltar de improviso el pincel con el cual iutentábamos invUílm e u i e dar vida á la figura dibujada en el liento, buscamos cómodo asilo en la c itiiír- fan r próxima, y al través de los vidrios del estudio c o n t t m p l a m c s aquel inmenso h enzo gris q u e fnnuní la lluvia. A los pocos m o m e n t o s d e s o ü a d o r a contemplación. oh p r o d i g o! la rebelde figura s e destaca hiio n y viva en el h ú m e d o lienzo, y lo que eran repijítencías y tropiezos para el pincel en la tela, son para la fantasía atrevidísimos toques estampados sobre aquel fondo movible de la lluvia. También resulta bastante agradable ver la lluvia desde un coche 6 desde un tranvía, y mds ai al subir á éste ó aquel encuentra uno en los asientos u n a cartera iin tarjetas ni iniciales ni documento alguno de s u dueño, y que ai ser abierta por vuestras curiosas manos deja caer u n a lluvia de billí tes. Esta lluvia. resulta tan beneficiosa p a r a los campos como p a r a las ciudades. J o s é DH R O U R E Dínvio i K fUí