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M O TRECE Y NUMERO 614 M A D P í D trivial actualidad callejera, que es la que más nos preocupa á cuantos vivimos bajo techado, roba muchas veces parte de nuestra atención á los grandes dramas que fuera de las ciudades ocurren. Y sin embargo, ¡qué interesantes y qué trágicos suelen ser éstos! ¿Qué sucesos podremos fotografiar en una ciudad tan dramáticos é imponentes como el que nos revela una fotografía de nuestro corresponsal de Tarifa? ¿Qué espectáculo tan sugestivo como el de esa hermosa fragata arrojada brutalmente á la costa por el temporal? El barco era el Villa de Palamós, de un armador de Montevideo. Iba de Brunswick para Valencia con cargamento de LA r R A G A I A VI LA DE PA 1. AM 0 S VARADA l R E N T E A TARIl- A madera: veinte hombres lo F O T M. FUEN- TES tripulaban. El salvamento de aquellos veinte marineros desesperados y ateridos lo realizó heroicamente un lanchón de Tarifa. Tres horas de valiente y empeñada lucha con el mar embravecido necesitaron para conseguir su humanitario fin esos hombres, santos ó mártires cuyos nombres ni siquiera sabemos, ni á ellos les importa que se divulguen. Resueltamente la humanidad no es rematada, como algunos creen. Sobre todo la humanidad que no suele vivir bajo techado. P A R A reconciliarse con la humanidad, es una receta excelente y eficacísima el escuchar á la grande, á la incomparable artista argentina María Luisa Guerra, que en na función benéfica ha vuelto á presentarse ante el piiblico madrileño, ante sus fieles idólatras de siempre. Hace unos cuantos años, cuando María Luisa era una niña aún, habría constituido una grave preocupación paid los pianistas más famosos y eminentes del mundo, si ella hubiese querido hacerles la competencia. Hoy día s una artista, no digamos que superior á todos, pues poco decir es, sino distinta, diferente de todos ellos, porque ninguno posee como ella un alma de ave apasionada, turbulenta, febril. Los hay más clásicos, más correctos, más fieles al papel escrito: no más inspirados, más briosos y valientes. Cada concierto supone para María Luisa Guerra una enfermedad. Todo aquello que oímos al escucharla, es cierto, hondo, no es fingimiento ni comedia. Pasa lo que le decía el genio del toreo al genio de la escena: Máiquez, estas no son trigedias: aquí, el que se muere, se muere de verdad. MARÍA LL- ISA GUEKRA 1 A