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LA PERLA DE TOLEDO Q rae ü u a nia. j es la mas tit- ni osa e n t r t lotias las imijeres, i o te LO uirt? i mas Dciia cutre w a a ü las niU jeres es Aurora de V a r e a s la perla de Toledo, El moro Tuzauí h a pedido su lanza, ha pedido su escudo: empiin: cti la diestra ta lan: ta, cudj a d e sus hombros el escudo, H. ija á su cnballeríza: eonteiupUi sus cuarenta ycí iias. u n a por una y dice: iJcija es la más vij nrosa; sobre su aucha jjrupa llevaré á la Perla de Toledo; ipor Allah! Córdoba no volviera á Vfrm jamás. l rte caniiüa. Ilej a á Toledo: eUL- ueotra uu viejo cerca del Zocodover, y le dice: iViejo d la barba blauoa. lleva esta carta A Don íyulit- rre, á Doa Gutierre d e Sahlaña. Si es cahallcron vendrá á. pelear couin ¡j; o en las cercauias d e la fueute de Almunis. La i erla d e Toledo tiene q u e pertenecer á u n o d e l o s dos. Y el viejo ha toui: ido la carta, la hn t o m a d o y la ha llevado al conde d c Saldaña. u e estaba j u g a n do al ajedrez con la I erla d c Toledo, Hl conde ha leído la carta, ha leído el reto y h a pegado tan ftier le golpe en la mesa, q u e todas las piezas h a n caído al suelo. Se levanta, pide su lanza y su mejor caballo; la Perla se levanta también, toda temblorosa, porque ha comprendido que el conde va á un dcsaíío. -Señor Gutierre, scíior Gutierre de Saldaña, qneiUÍos, y o os lo rue; ro; j u j e e m o s oira partida. -No es hora d e jujear al ajedrez, sino d e ju rar las lanzas en la futnte d e AlmanísY las lágrimas de Aurora no pudieron detenerle, ijuc u n í a detiene ii un caballero al que se ba rilado á un desafio, Hiitouces la Perla d e Toledo loma su m, i ilo, monta en su muía, se encamina á la foent e d t Almanís. Alrededor de la luente el císpi d está rojo, Koja también el a fua d e la fucutt; pero no es In sau; íre de un cristiano la que enrojece el césped y el a g u a d e la fuente. El moro T u a n i está tendido Cnara al cielo; la lan 7- a d e Don Gutierre s t ha hecho peda os en su pecho; toda la sanj re la está perdiendo poco á poco. Su vegua lícrja le mira tristemente, llorando, porque u o puede curar la herida d c su amo. La Perla se baja de su nuda, -Valor, CHibjlllero- -le dice; -aún sanarás, YÍ ¡rá 5. podrás cacarte con una bella mora; mí mano sabe curar las heridas que hace mi caballero, -jOh, Perla blanca; oh, Perla bella; arranca dc mi pecho este pedazo d c lanza q u e le desgaita; t i frío del acero me hiela y me traspasa! La Perla se acerca confiada; pero el moro se reanima al verla cerca, y la cruza la cara de un sabla jj. LlIdtiJO J i l U A n C I U n D HB DirCKIA. PiíúSPEBO M É K I M I Í E