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EL PERRO F I E L ilon Facnnílo Sorrajem. vecino de San J u a n ilc la Rívera, un pe: ro jKTdi utro, ue era su único a m i g o y coiupafjf ru. I perro le f ucria como i uiercu loa porros d e g m n c n t e V afirmaba la Í: EI ÍG qiie sí el liueii don F a c u n d o st- mon aj c o d e fijo otro hcri dtro q u e su perro ¿jol el jícrdí uero. T ENÍA J Por cansas q u e n i i i p i n o se lia esplicaJo, a n d a b a don F a c u n d o alpo rínjínJc (amKjuc más q n e nu f i jí ifra un dcineiUv- J V un día en su pasco aco lunibrado, siempre de su í aí acompañado, en la mitad Trl p n e n l e- -que jtor ío esbelto y elevado era oii; nl 1o d e San J u a n d e la Rivera, -licuando de su mal al parví isTno, salló el pretil y se arrojó al abísnio. El pt- iTo qiie lo vi n a d a reliacio. saltó tras ¿1 y se lanzó al espacio, Ik pando ti pobrecillo al fondo del barranco hecho nn ovillo. Mnrió ilel batacazo don Facundo y quedó el pobre perro moríbnndo. Un p a s t o r q u e el rebaño apacentahn, y q u e m u d o tic espanto y de tri. ste a aqncl doble sniciflio presenciaba, rcptiesto ya del s isto, cotí presteza corrió al pueblo á decir lo q u e pa nl a. V al sitio del suceso acudió al pnnto todo el pueblo, y el eura á la cabcicn, el cnal, por los vecinos coreado, rezó con ¡jran fer or a n t e el difunto el responso obligado, exclamando después emocionado: -jlnítliz! se arrojó desde esa altura? iPobre señor! jDios le h a v a perdona dol Le luató su dulencian su locura. Tan sólo el que está loco á Dioü no acívta, pues en plena rascón, nadie se ninla. fllas ved aquí, hijos míos, un notable ejemplo de cariño ¡nimilable. Ved del pobre Lr la trísle íiucrte! Él fué su compañero inseparablel jFiel íl su amo. le SÍÍTUÍÓ en la muerte! (V dijo al IIu, llorando como un nifio) Fso es fidelidad! ¡eso es c a n ü o! ¡lijen dicen que haj- aljomos nuinialc- s mejores que los seres raciónaU- s, i n perro que le oía, tristemente, abrió los ojos y mirando al cura, ronipi á hablar, con asombro de la g cnte, óicienilo con hondísima aiiiargnra; -Muchas jrraeias, señor, Vo le igradezco s u s frases de bondad, que no merezco. Cierto que yo á mi amo le quería. ues él. más que mi auRi, era mi üinigo. las le aseguro á usted que n abia nuc el pobre estaba loco d e remate. Créame q u e es verdad lo que Te di; jo. Si vo sé q u e está loco, no le si; ro. N ¿fui fidelidad! ¡Qué dispar le! S o cnerdo Icjua- gaba, y salté sin temor, pues él saltaba. Si yo lle; ro á saber que h a y esa altura, ¿qué h e de saltar? No salto, señor curaí VITAL A Z A S