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Ti, ipcínie. Teií o collares, porlns y nihíe. q, vnso i saRradns j- rupri blaiicíi. Todo será tuyo, si c r i s mío, si te mies a n t e el óia Clmin- Ilnn con la hija d e Knra- rk: ir: i. ¡Ali! si si: píeras c j mlo suÍTol t ú licncíi vin Dios A quien a m a n ú qiiícn llamar bueno, Vo no le couoaco; yo, desdf íjiic te vi. no h e vuelto A íít- r dichosa; no creo en mis dioses; reniego de mí padre: ya no IjajUí ti J ior ni me cí trenie eo a n t e los acorde del mar onn ni u i c interesan l a s danzns r- t 2) Tií eres ini rey. m ¡dueílo; tú el h o m b r e tiJancoque toííavía p u e d e! er el jefe de toílos mi rneireros, 3I Íra que si uo, la pobre Maca- Zima Jiiitrní. pcif los bnsqvies y e n t r e g a r á su cuerpo á las panteras j- al ph -V a v a- -interrumpió el h o m b r e blancon- -que toilavin tendré q u e casíinue coiitií o. lineen ne un salvaje y ser p: idTe d e una porción de caires y eaircrítos. j P a r d i e que me has h e í l i o reír, Maca- Ziujal T. íi- pobrc joven, m u c r l a por e d o l n r y enrojecida su n e r a cara por la verifüenzaH se pní o en pie, y Uej pertátido. st en ella la fiereza de su raiííi V la sonerbia tíe la bija de su padre, cxclfinio h a c i e n d o c u a t r o señales en c lire: ¡Tú niorirds, bcUo europeo! -Mañtina los guerreros pondrán en sus arcas cebo de tn carne. iVac ucnoseasmio. i ¡ueteneveel 7 V; W- Jtr (4) ilicicndo CSIOH salió majestuosa d e cóler. i d e la eabaña. y. hombre blanco no p u d o menos d e cnterneceipc: pero d e s e c h a n d o bien p r o n t o s u s st- ntiniieiLlíhs fie compnsiÓTi, se puso á p e n s a r e n la ui íle las circuTistancías. Segiiramenle n o le q u e d a b a nnls q u e un d í a d e vid; i. ííscríbi una birg a c a r t a á su amante espisa. cpEsloU que njetió en una botella, por si las a rn s Hejíabnn jilpñn dfa basta allí y la conducían á Hurnoa; c a r t a tiernísima en la que el h o m b r e blanco hacia relación á su a m a n t e Carlota d c las penalidades sufridas y de la viudedad que la correspondía. Sereno y confiado ajjjuardaba el amaTiCcer. hora f- ciinlad a p a i a el t o r m e n t o c u a n d o s u vi- ita alean en Ea lejanííV nn ber; anlín, q u e por el a n d a r juz ó el hombre blanco que debía ficr noruei ¿o. Aunqne le separab i al ¿íuna dislancia del mar, el liouibrc bLinco empe ¿ú d hacer señales tIescspei 3 dHauiente con el pafu elo. ¡Qué aleg da! Hra el priuier buque qnc cruzaba por aquellas ai uas, y además, en tan críticos momentos, represenlahn su salvación, I asó media h o r a mortal; pero y a d e s d e el bergantín advirtieron la prestancia del hombre blaneo, y eomeuiíaron las m a n i o b r a s para acercarse á lil costa. Desde u n a s cinco l u i l W Enj lesasle airoj a r o n u n a gruesa niaromaH á la que el honjbre blanco s e asió y d e la q u e t i r a r o n fuertemente d e s d e el barco. Ya era tiempo: desde la cubierta del her antín p u d o ver el b o m b r e blanco la desesperación d e los makandos, que se daban puíleta os unos ií. oíros p o r habérseles escapado la presa, y el dolor d e íaca Zima, que haciendo tres s e ñales eu el aire, se ¿ihorcó de un ¡ícjitoír Hl b o m b r e blanco n o pudo menos d e verter u n a táñ: nma por la pobre M, ica- ZÍn a, que le h a b í a q u e r i d o con la fidelidad d e nn pcrroLUls GABAMJÓ- V (11 Baile (íffiro Je JHI lij rm, una e períu He paJlPíaíla. í 2) ílphe reípriraf Ciníiprtsmjm J la Ú ÍÍZIÍÍ jua F V bnibb n en laj ücsLaii nuprijilcs. BriliL- on. ci frurOJí líe n pr cií í- TOUT M -Thopmson- Ü múrica cntrtí loj í fifr fic- pít 123) tjpciie lie rita arandc IIQ pcrtfersos inslinlo No se AÜiiiPnl nu is quo Ju sangre y ostillos humnnai i) Thl- hn: riemonio muy popular, ann ue de difícil prona neis di n (6 J Especie dts jirbo muy en el ftrHfori makando, HP i: ua oslraeri Ini nnturilca ríp país laceile y el íinapre para aun PnSniJjiil. -L V ¿a- 0 ifere. i apunU de! dorior WkiM fú ji e t ijattnft ff Jtortt m il. andas. Tomo