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AÑO TRECE T NÚMERO 613 J AD 1 R 1 D Sxfc LA SEMANA PASADA D R E S E N T A R O N sus creden- ciales y fueron recibidos por S. M. el Rey el nuevo ministro del Ecuador, el nuevo ministro de Suecia y Noruega y el nuevo embajador de la República francesa, Mr. Cambou; todos ellos fueron conducidos á Palacio con las solemnidades de costumbre en los coches barrocos y ostentosos de la Casa Real. Como siempre, el espectáculo resultó interesante y divertido para los innumerables desocupados de la corte. El que más y el que menos se sabe de memoria los nombres y señas de las carrozas que salen á relucir en estas solemnes ocasiones. No liay azotacalles que no se con. sidcre en cierta manera algo dueño de todos aquellos dorados, de aquellas bamboleantes cajas de cristales y tablas estofadas, de aquellos erguidos y soberbios palafrenes; y en los espjritus de la gente desocupada, en los cuales no hay m u c h a mayor complicación icológica que en las almas de los campesinos más candoroso. produce íntimo bienes 1 ar 3 grato regodeo el contemplar la pompa tradicional y el E l E M R A J A D O R F R A N C É S M R CAMBON DE V U E L T A A L PALACIO D E LA EMBAJADA OESPUÉS DE PRESENTAR SUS CREDENCIALES F O T M E D I A VILLA Y GALLO arreo prolijo de estos ceremoniosos cortejos. Cada cual se, divierte coiiio puede, y aun cuando estemos hartos de repetir, sin razón ni fundamento alguno, que España es el país de la alegría, la verdad es que los espectáculos callejeros abundan poquísimo. Lo único que suele verse en la calle con alguna frecuencia son púnalas y coscorrones de mayor ó menor cuantía. Nos alegramos y animamos tan sólo para ver de destrozarnos unos á otros. p o R lo mismo, se advierte gran animación entre los liberales faltos de jefe... y, al parecer, deseosos de estropearse niutuam ínte. ¡Cuánto se echa de menos ahora al garande hombre muerto! Su memoria tardarámuchos años en extinguirse. Para completar el recuerdo que de su ilustre personalidad hemos trazado en estas paginas, pubhcamos hoy el retrato de su más fiel amigo, de su secretario particular y, político; del que le acompañó y siguió constantemente en el poder y en la oposición: D. Pablo Craz y Orgaz, cuya biografía va u n i d a á la historia del Sr. Sagasta desde 1868. Hombre modestísimo, extremadamente discreto y de una corrección perfecta, el Sr. Cruz, en quien el ilustre jefe del partido liberal tenía depositadas su más íntinía confianza y sus más caras afecciones, renunció á todas las grandes ventajas y los positi- D O N PABLO CRUZ FOT F. DEBAS