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m M í Por las enrejadas calles de mi tierra suena Ja parranda, por las pintorescas calles andaluzas de la vieja Kspaña. Grupo demozíielo í lleva la guitarra, y de reja en reja, lleno de alegría, sus amores canta; canta sus amores, sin notar que pasa bajo los calados de las notas leves y bajo las euer las tirantes y largas, la callada Muerte, puesta de andaluza, luciendo abalorios de coplas á. sartas. Cerca ya del día la tierra descansa la Muerte acecha las vidas que penden Je los moribundos para devorarlas; es la hora en que ejerce su oficio la Trágica, y de su vendimia de sangre recoge humanos racimos de cuerpos y almas. En ese silencio que el ánimo espanta, la guitarra ríe, mas tiene su risa iguales collares de notas y lágrimas; sollozando ríe, cual si la obligaran á estar en la fiesta nocturna, teniendo üeehas mil pedazos las negras entrañas: y es porque ella sabe que no hay alegría qae no esté de veneno formada, que os hervidero do coplas y penas 3 Í pecho sonoro de cada guitarra. Yendo p. r el mundo, de alegra rondalla sentí que estallaba de todas mis fibras la fibra más cara, y de las clavijas de mis huesos tristes voló á los espacios abriendo las alas una copla, lo mismo que un treno de negra y amarga, cuyos cuatro versos, cual cuatro blandones de pajizas llamas, alumbran inmóviles sobre un paño negro de sangre teñida, la cruz de mi alma. El que descuidado ríe on la parranda dejando colgantos de notas prendidos en cada entana; quien v erte sus sueños en la copa mágica de las campanillas azules que visten las re as amadas; el que tienda sus puros anhelos pTra que los doren las lucos del alba, coxno colgadura de sueños tejí la sobre los balcones do i usión soñarla ¡no espere que cuaje para sus amores la dulce esperanza más rosa brillante que la rosa triste de la pasionaria! Por las enrejadas calles de mi tierra suena la parrand por las pintorescas calles andaluzas llenas de claveles, nard s y albahaca. Yo no sé qué tienen sus coplas sentidas, qiíe ya el alma mía no puede escucharlas desde que se ha muerto la ilusión sublime por quien yo cantaba. La alegre vihuela con que yo, á mis solas, iba de rondalla, ya no tiene trastes, ni cuerdas sonoras ni lazos de grana. Como un nido viejo sin trinos ni alas, mi guitarra oscila colgada á los aires de una seca rama. Ya no es lira eolia que á tojas las brisas del munio vibraba: sin coplas ni arpegios, ya- es fúnebre caja donde pega trastazos el viento y la balancea con mecida trágica. SALVADOR K U E D A