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I RABAJABAN en uno de los teatros más favorecidos por el público; él era un actor cómico de nombre, y ella una linda muchacha de ingenio despierto é irresistibles simpatías. Se casaron, y él, descubriendo en su mujer maravillosas condiciones para la escena por su desenvoltura y gracejo, valido de su gran ascendiente sobre el público y la empresa, consiguió que fuese admitida en el teatro. Como Ángel, cjue así se llamaba el actor, tenía un gran predicamento sobre autores y periodistas, á una ligera indicación suya, á un deseo apenas formulado, le fué muy fácil conseguir que su mujer desempeñara en las obras de nuevo reparto papelitos que se acomodaran bien á sus especiales aptitudes, y que la prensa, en las revistas y sueltos teatrales, la mencionase siempre, acompañando su nombre con algún adjetivo galante. La rtiuchacha fué desde el primer dia muy bien recibida por el público, á quien favorablemente sorprendió su aire, ingenuamente picaresco y travieso. En pocas noches llegó á ser la niña mimada del teatro; los autores, los periodistas y los amigos acudían con asiduidad á su modesto cuarto, atraídos por la sugestiva gracia de la actriz. Las compañeras comenzaron á inquietarse del incremento, de la subida de aquel papel, mucho más cuando tuvieron noticia de que la empresa la había subid. o el sueldo. Pero las murmuraciones subieron de punto cuando se enteraron de que en la obra nueva, en la que la empresa fundaba grandes esperanzas, los autores la habían repartido el principal papel. -Claro, decían, como el primer actor cómico es su marido, la dan todo lo que quiere. ¿Pero de qué se asombran ustedes, criaturas? decía la característica, fea como una mala acción, y que envidiaba en la muchaclia, m. ás que su arte, la gentil expresión de su rostro; eso es natural; ¿no ven ustedes que su marido convida á almorzar todos los días á algún autor ó á algún periodista? ¡Qué ha de suceder! ¡Así me ponen á la niña por las nubes! -Y en honor á la verdad, eran arguiuentos de la envidia, porque el marido, que empezaba á sentir celos artísticos de su esposa, nada hacía por realzar sus méritos, aunque en público era sti primer admirador. Llegó el estreno, y hasta la salida de Pilar, que así se llamaba la muchacha, no entró la obra. En ella dieron rienda suelta á la risa, hasta el punto de que el papel de Ángel, lleno de efectos cómicos y de situaciones, pasó casi inadvertido para el auditorio. Después del estreno, el cuarto de Pilar se llenó de entusiastas admiradores. Los autores, satisfechos, decían á la empresa: -Ya tenemos una actriz, lo que faltaba en este teatro. Ahora á escribir para ese portento de muchacha, y ya hay dinero largo. Los periódicos aseguraron que Pilar era desde aquel día la priiuer actriz cómica de nuestra escena. Tan calurosos fueron los elogios de los periódicos, que desde aquella noche Pilar ganó tanto sueldo como su marido. En cambio, por primera vez en su carrera, los críticos pusieron algunos reparos á la interpretación que del personaje hizo Ángel; por primera vez el público no se entregó á él incondicionalmente como otras veces, riéndoselo todo, aplaudiéridole el más insignificante efecto. Esta impresión no fué pasajera; antes al contrario, fué afianzándose de tal modo, que en poco tiempo, todo lo que había subido el papel de Pilar, había bajado el de su esposo. La mujer había ocupado en el público el puesto de Ángel. Este, tan cariñoso, tan solícito antes con ella, llegó á sentir envidia, celos tan exagerados, que cuando oía hablar públicamente de su mujer, la rebajaba lo que podía, y en lugar de admirarla, la ponía defectos. La tertulia de su cuarto, antes llena de autores y amigos, se había pasado al de sir mujer, que se le llevaba hasta eso, hasta sus afectos de amigos; la misma empresa le llamó una noche, y á vuelta de grandes protestas le dijo que se Acía precisada árebajarle el sueldo en vista de los últimos fracasos que había tenido; los periódicos ya se metían con él; pero en cambio el nombre de su esposa adquiría cada día mayores y entusiastas elogios. 1 íesconcertado, confuso, quiso ganar nuevamente el favor del público á fuerza de descoyuntar los personajes; se hizo un payaso, tuvo que pagar crecidamente al jefe de la clac, que siempre era protestada por el público cuando le aplaudía, y hasta era recibida con siseos; en fin, tales cosas pasaron, que á no ser porque su mujer lo hizo cuestión de gabinete, la empresa lo hubiera suprimido de la compañía. Su en idia llegó á propalar hasta chismes, y á decir que su mujer hablaba de sus compañeras, desacreditándolas. Pero con esto, lejos de conseguir lo que se proponía, dio con el pobre Ángel en tierra. Y fué que por entrometido y chismoso, lo despidieron definitivaiuente. LUIS DIBUJO DE RO. AS GABALDON