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WS E levanto a los postres como es corriente, y veo que se asustan al contemplarme. ¡Tendré cara de sttegro seguramente! ¡I O peor que en mi vida pudo pasarme! Yo, que alegre 3 gallardo batía el cobre, lie quedado cesante de una plumada. ¡Dejé d e s e r Tenorio Y tú, hija I ía, siempre sé su consue 1 y cifra en tu. virtudes tus alegrías, como tu santa líiádre, que desde el cielo se asoma para verte todos los días. Para ti la esperanza siempre delante; para ti las dulzuras del amor santo. ¡Para mí la pelea dura y constante! ¡Para mí las cuartillas que moja el llanto! Volar unos tras otros... ¡Esa es la vida; y con ella, hijo amado, volaír te dejo! ¡A v e r el palomita ¡Ya soy el pobre Comendador, que llega sin gente armada! No es nuevo, pero es triste lo que me pasa. ¡I, a mayor de mis hijas se me lia casado! ¡Del palomar humilde que tengo en casa, Utl ladrón palomita me la ha robado! Si me causa tristezas el egoísmo, en el triste pasado busco consuelo. Yo también con tu madre hice lo misjuo: ¡Detrás de este tendió su vuelo! si me la cuida lo mismo que este pobre palovto viejo! Esta es cuenta atrasada que amor se cobra con interés crecido; pero la pago, y con verte risueña tengo de sobra: con saber que me quieres i ie satisfago. Sepa yo que en mis penas tú me acompañas, y quiéreme lo mismo que me quisiste. ¡No te olvides, paloma de mis entrañas, del palomar humilde Que sepa yo que en tu alma su nido toma sin temor á la nube más pasajera, y al mirar á tu lado a mi paloma, ¡trátala con cariño, que es mi alma entera! donde naciste! JOSÉ J A C K S O N VEYAN