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iilos nuestra íispaña, tVGC: iTtioí el fatita ma ikm t e s t r a tierra y de nuestro ttinjiiíi- aineiito, tan diferente al üe 1,03 per. ünas que ñus rudeüban. Los d i i c o días que pasiimífs en liiteríaken fueri n idílieüSn íidiciosos. ínolvíd. iblc! Aqnelloí, rceuerdoE sobre cubierta, aquel! i ndn can luda d la Patria mientras el barco que nns conducía se de; ili aba) or IjJíi agiias tranquilaj del lago de ñríeu H todo labía abrazado íi nnefilras ahnas, y la poesía del conjtiulo era la r a i ó n m á s potente que nabía solÍ I ¡íic 3 dü aquel abraco. Huimos felices: la Naturaleza se mostró espléndida el clima era delicioso: n o s rodeabn la poiísía, nos besaba l.i dicbaj nos cnloqiiecia la suerte. Una noche volvíamos de uii concierto q u e un T r Hü. v dio en la Kut aal; bacia frío; de la Í ÍII bajaba u n viento siitil pero helado; entramos en el hotel y pregunté á Mercedes; -Vamus á ver; ya es hora de que te prej unte: Qiiién eres? ¿X qué te importa? -me respondió. jCónio: H u b o n n a pausa; Mercedes estaba pensativa. -n i m e (por qué has esquivado siempre misS indirectas acerca d e tu origen Hstoy intrigado; a h o r a uo deseo, a h o r a qu ¡ero. necesito saber qui ¿n tres. ¿Necesitas? ¿Quieres? Y Mercedes rió á carcajadas como u n a loca. E n l a m a ñ a n a siguiente amaneció Inlerlaken cubierto de nieve; todo el p a n o r a m a era de u n a gran monotonía; la cadena de los Alpes aterrorizaba, haciendo p t n s a r en u n probable talud de UÍeve qtlEíH desprendicndu. se de sus cinias, sepult a s e para siempre á Interlaken, Aunqvie s e opuso, no p u d o impedirme Mercedes Í que viajíLse en el Ulisnio de arl- iuiento que ell: i (n el tren q u e nos había de conducir h a s t a Berna; alH nos separaríamos, yo continuando mi viaje, ella... n o quiso decirme lo que pensaba hacer. Dejamos las montañas: en tierras de Berna el tren atravesó inmensas llanuras de nieve; parecia q u e patinaba sobre ella, -Soy- -me dijo de pronto Mcrccíle. c, soy... y me dió u n nombre que me dejó atónito; recordé una bisturía que liabíni iutrigadíf á Madrid hacía año. y se olvidt como todo se olvida, con la ausencia y el tiempo; -ya ves q u e uo deseo ocultártelo pero, cúuio r urfi r fi. te digo mi Jiombrc cuando nos vamos á separar. Buscnba un hombre lan razonable, incapaz d e dejarse dominar p o r u n a pa. sión tan vnlj ar como la curiosidad. (Crees q u e es razonable a m a r un eniíH i -Quizás pueíilo qne el despejar u u a iucógnila equivale tanta como conoeer lo dcsconoeído; ahora, á otra ecuación. ¡Oh, tú vives demasiado la vida idcall- -La realidad es a m a r g a Callamos; el tren se; kniía tragándose t i l ó m e t r o s de nievo, v siempre veíamos el misino paisaje, -jQué ü e n u o s n es el soU- -miímiuró Mercedes; -los valles verdes, el cielo azvil. el cliuja Ciilido; qué íelices días pa. samob en lutcrlaktn, h a s t a la noche en que me p r e c i n t a s t e- -I, a uoche de la primera n i e v e -I c Interrumpí. -SE, la primera nieve, la primera en la Xaiurak z a y en nue, -tro idilio. Miró un iustaiite al espacio y xnurmnró coa pena: -jHs tan iri. stel Es tan fría! Salió por el pasillo del vagün; no la volví á verj la bu. squé cuando el tren llejió á Berna; no estaba; q u i á s se apeó en una e s t a d ó n cualquiera, Al día sií nieute. eamiuo de Züneíi, iba yo solo en mi diL partamenta contemplaudu IEI llanura cubierta de nieve qne -ilrave. aba. ¡Qué henuoso eJipccláculoí- uic decía, y al mi. muo tiempo recordaba las pnalabras de Mercedes, que me golpeaban la t a ó n y m u r m u r é maquiualmeute: -iljué frij es la uicvcl ¡Qué triste! ADEL- VRDO F E K N A N D K Z- A R I A S