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ÍÍ; r vi: M í CONDUCCIÓN DEL CADÁVBR AL CONGRESO FOTOG. ASENJO LA CAPILLA ARDIENTE dillos que han derramado ríos de sangre ó á pensadores y teorizantes que han sumido a l a humanidad en mares de confusiones. Pues bien; esto no hay que olvidarlo: ni por Cánovas, ni por Pí y Margall, ni por Martos, ni por el mismo Pnm, con ser quizás todos ellos hombres de mayor elevación intelectual que Sagasta, al parecer disfrutaríamos hoy de todas las libertades con absoluta tranquilidad y sin estremecimientos ni epilepsias. No; el salto dado desde los tiempos en que la misma cabeza de Sagasta corría peligro sobre sus hombros, como otros miles de cabezas de otros miles de ciudadanos, hasta los tiempos benignos de la Restauración, en los cuales ya no se fusilaba sino lo más preciso, y á estas últimas épocas en que, gracias a Dios, no es menester fusilar á nadie, ese salto mortal fué Sagasta quien lo dio, y supo darlo como u a valiente, sm vacilar, sin hacer aspavientos, con la sonrisa en los labios. Y ante aquella sonrisa que a sus mayores advérsanos hipnotizaba y confundía, los tigres de las dos manadas opuestas iban recomiéndose las unas y achicándose y convirtiéndose en domésticos é inofensivos gatos... y algunos VISITA DE Sü MAJESTAD EL REY k LA CAPILLA ARDIENTE FOT. CIFUENTES