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revelaba en su modestia, así como la superioridad de Cánovas se revelaba en su orgullo, igualmente s i m p á t i c o visto a l a distancia debida, que la sencillez de Sagasta. Acaso ningún español tuvo un concepto tan claro y tan exacto de la vida como D. Práxedes, porque tal vez ninguno recogió de la vida ma 3 ores y más provechosas enseñanzas, y de fijo ninguno supo grabarlas mejor que él en u n a memoria íidelísima, poco embarazada por nociones aprendidas en los libros, y deducir c o n s e c u e n c i a s con un entendimiento tan perspicaz y tan poco adulterado por el mero razonar discursivo y teórico. Por eso pudo Sagasta decir, copiando la frase famosa de D. Agustír: Arguelles, que él no había sido ni qirerido ser en toda su vida otra cosa sino diputado y gobernante, hombre p o l í t i c o en suma: que para eso había nacido, y en tal calidad y condición ha muerto. Hombre político sólo, sin mezcla, no abo- 4 8 h- M Í H ffi í W maM H -1- SK. to escéptica, pero nunca fría ni académica, nunca rebuscada ni maligna, ni menos venenosa. Su hablar era sencillo, transparente, como lo es la vida para los homb r e s grandes, porque en la vida no hay retórica, y solamente los espíritus tortuosos 3 los tontos d e solemnidad se empeñan en complicarla y dificultarla. Y sin embargo, las cosas más grandes y mejores de que actualmente disfrutamos, la libertad y la tranquilidad, la paz y el sosiego de los ánimos, la seguridad de las personas y d e las ideas, ¿á quién sino á é! la debemos? Ha pasado con Sagasta, y perdónese lo vulgar de la comparación, lo mismo que con los más i l u s t r e s bienhechores de la humanidad, con el inventor del pan, el de los colchones, el de las aceras, etc. etc. que nadie r O T FRANZEN sabe cómo se llamaban ni se acuerda de ellos y gado, ni escritor, ni artista, ni hom- codos disfrutan de sus sencillas bre de sociedad, ni elegante ó pe- y admirables invenciones, sin timetre de los que toman la política tributarles la menor muestra por deporte ó diversión. Y si era de gratitud, mientras todos los un gran artista cuando hablaba, días se alzan mon umentos á cauno pudo decirse de él, como del orador clásico, q u e en sus labios habitaba l a persuasión, V. sino más bien que en SUS l a b i o s en el gesto, en la sonrisa, en la actit u d y adem á n en el tono de voz, todo ello in 1 Jik 3 p 1 ES sSi SHHI sinuante, W H atrayente, comunicati 1 S n o H B vo. P e r s u a 1 JSÍSS HHH B día sin dar Ü K r a z o n e s de g r a n peso, HH por la auto Bwi WKA r i d a d y el a flHBV j H H K atractivo de la m i r a d a A JHP por la indeliberada y espontánea eleganci a del accionar, por la gracia un poco irójica, un tan 1- 1 jff: Mi? M EN E L B A L N E A R I O DE S A K T A T E R E S A FOT. DEL AFICIONADO SR. SIERRA EN E L DÍA D E LA Ú L T I M A C R I S I S N O V I E M B R E D E 1 9 0 2 FOT. DEL AFICIONADO S R SALVADOR