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fl 7 ul que sin crfiar buscaba F u e s e aco. íttimbrH xnlo la niña A l: i conipaflfa d e aquel muchacho y á los Sencillos obsequios con q u e la r c a b a Al i aí veces cbarlabiin bajo u n a carTa. scí A la vera del a g u a corriente, v sin saber por mié, rfiit bacían larcas pausas, n u r i n d o s e en los ojos. Con esto, las rosas ítiga. ccsííc iban fijando sobre el color (le cera en las mejillas de Ciara. Verd. iílcram en le mejoraba; pero lentamente, cnn una calma llcnii de iozobra i p a r a los suyos. Kl ánimo se abrí. i como una flor barto tiempo cerr. ida q u e s i t n t c impulsos tardíos dt- extender SUR bojas, ocupando el espacio á q u e tenía derecho. Y en aquellas TTiitíis p a u s a s vcia en los ojos del aTiiifío u n a afinuacií jii q a c cni id ¡aba: la serena aíinnación de vivir, q u t llenaba su propia naturaleza. Tronío se agitó aquel dtbil chorro de energía interior f u parecía invadí rln perezosamente. I. a lesión abíindaba; era implacable como el de. stino d e los seres; aute la clara llama del fo; joril campestre, que tenia el color del sol y el -umbido de los enjambres afanosos, el umcliacbo l l t n o de salud como el corazón de una encina, y la nifia doliente, charlaban también y se njir, iban en los ojos... l eUr tú que vivirás! parecía d ícir ella con la muda lri, steza d i su mirada, ¿T o r q u é n o ñas de vivir, cuando tantos viven? contestaba él con la inquietud de su silencio, Y aquellos dospiijaros amantes, el u n o que emigraba ¿ttierras más bajas y á climas más dulces 3 el otro q u e se quedaba allí para colear su nido en el medio í n c l e m e n t t de la pobreza y del trabajo, parecían despedirse cun largas miradas y gestos m jufitíosos. Otra vez cundió la alarma en la familia: Clara se luoria V ese gallo, ese condenado K alltj de plumas azules! Kl agal, el amigo cogió la escopeta y jurt i m e n t a l m e n t e no volver sino cou el ave descada. a i tuviera qUiE cruzar el m u n d o Y el propósiín tan sólo eupendr i u n a fuerza inmensa, la fuerza de los fuertes y Vencedores: la voluntad. Al llegar n. noche n o volvió el muchacho. Clara, con los ojos fijos en la llama opulenta, lo veía niarobar por campos fecundos, por campos estériles y otra llanta brillaba en lo interior d e aquel alma voluntariosa y fuerte. -jíjué l a r d e! -d e c í a la niña, sinticndo. se morir- -V c u a n d o un día entró el zagal con los pies Sing a n d o la ropa desgarrada y lodo el como acotado por desconocidas inel emencías, y puso fi sus píc- H el gallo de plumas a ulcs, como el conquistador qui; pone á los pies de l ¡i l U l l t J el reino conquistado, la uii a no dijo más q u e ¡es tardcr... muv tarde val- Y se fue Kcrenamenle. dulcemente, como otro pájaro d e color de cera, á espacios más tibios y piadosos donde las ílorcs abren SUS corolas p a r a beber la luz y 1 energía bajo los cielos fecundos. Tenia ra ón. ¡ül ave triunfadora Labia llegado m u y tardel José S 0 G A I J 3