Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL GALLO SILVESTRE T A más afamada curandcTa de l a i: ninarca lo liabía dicho: Matíidle uno de esos gallos azules qiie an d e castaño cu castaño, dt: roble en roble; guisadlo con salsa de lomillos v dos cabezas de ajos, con sn pan rallado y corteza de limíJü, y y o respondo. De qü ¿respondía? De la salud d e Clara. ¡Pobre! Estaba en los huesos y de nn color blanco de cera, tan transparente, que se veía el espantoso trabajo de disolución interna. HI médico, un buen hombre, temía que aquel fuese un caso de tuberculosis, Deíipués d e la curandera fueron á consultar A la 5o ndmb ¡i diez Icgua- i mortales por caminos de herradura, en plena sierra, llevando u n a preuda de l a enferma i m p r e g n a d a en los sudores d e l a fícbrc ¿Y quó vino á decir la ¡lin. inthnhif Pues lo mismo: íBuscad el pájaro que vuela entre robles y tiene U i: of r del eielo eti los días serenos, y dádselo á comer con u n a Eluma azul de la cola dentro de la salsa, -Total, igual. El uíídico también empujaba acia el campo: -Llcvadse ñ. esta u i ñ a d o n d e tenga aire limpio y sol y a g u a corriente. que se nutra, que se alegre, que h a g a la v i d a sencilla y libre de lo? píijaros. ¡Dichosos cUo. sí Y así fué como instalaron á Clara en u n a aley re choza d e la sierra monte adentro, en deliciosa y apacible rinconada que el freí co y h u m e d a d del arrovü mantenía en t o J o tiempo verde, y la frondosidad perenne de las encinas reüeuardaba de los vientos más frios y más duro ael invierno. E n aquel medio s a n o y bravio, pareció revivir con intensa llamarada el espíritu de Clara; dos rosas fugaces se asomaron á sus mejillas, y aquel pecho enfcnno y dolorido se caldcó con rílfajias de sol y con ásperas fragancias del campo. P r o n t o conienzamn los zaj; ales á buscar el gallo silvestre, que y a n o se oía lanzando fxi grito estridente de celo. Habían huido todos A tierras m i s bajas, d climas más dulces. El ütouo en la m o n t a ñ a es gris, es frío, tiene la melancolía de las cosas tristes, d e las almas enferma. y solitarias, -No lo encontraréis- -decía el gañán más viejo; -en la primavera, á docenas mataréis los gallos: ahora, me da el coraidn que no. Y un pobre muchacho, ágil y listo, que tenía en los ojos esa gravedad p r e m a t u r a que da el campo, consolaba á Clara, ofreciéndole que él sabría ir adonde van las aves fugitivas para traerle el gallo