Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
f N el Madrid aristocrático figuraba por dereclio propio y brillaba por sus nobles cualidades la exce lentísima señora doña Isabel Cristina Paz Masía y de Queralt, nacida del primer matrimonio del tercer duque de Tamames, D. José Teresiano, con una hija del conde de Santa Coloma y de Cifuentes. Poco después de cumplir los veinte años, y cuando estaba en todo el esplendor de su delicada belleza de rubia de cutis marfileño y cabellos de oro, casó con un bizarro militar, primogénito del insigne fundador de la Guardia civil, y que era entonces un gallardo caballero que llevaba el- título de marqués d é l a s Amarillas. Como marquesa de las Amarillas figuró de recién casada, en sociedad, la bella hija del duque de Tamames, siendo una de las primeras damas que en los salones alfonsinos del tiempo de la Revolución lució la flor de lis, emblema de la causa restauradora por que tanto trabajaron las Superundas, Heredia Spínola, las Bailen y otras. A la muerte de su padre político heredó su esposo el título de duque de Ahumada, y como duquesa de Ahumada ha figurado últimamente, ostentando la dignidad de dama de Reina con la malograda Doña Mercedes de Orleans y con la augusta madre de D. Alfonso X I I I Pero más que por títulos y timbres nobiliarios, brilló la ilustre dama por aquellas prendas de su alm. que la hicieron un prodigio de bondad y ixn modelo de cristianas virtudes. El cielo no la dio hijos, y fué. madre cariñosa de sus sobrinos, que en temprana edad quedaron huérfanos, y no bastando esto á su ansia de cariño, le prodigó en los asilos dónde se acoge á los desdichados, y le llevó á las bohardillas de los pobres y á la cabecera de los enfermos. Xsabel se llamaba, y á su santa patrona la piadosa reina de Hungría imitó en este mundo. Dios se lo hálj á recompensado en el cielo. Aquí se lo pagábamos, pues no suele ser tan malo el mundo como se dice, en cariño y respeto, pues era imposible tratarla sin sentirse subyugado por aquella seductora bondad, que era el rasgo dominante de su carácter. Para todo lo noble tenía alabanzas; para todo lo que no lo era, perdón y disculpas; y si alguien se hacía eco de la murmuración delante de ella, de sus labios salía un ¡Bendito el que no pecó! que ponía coto á la maledicencia. Ha muerto sin llegar á edad avanzada, pues nació el año 1844, y aunque molestada por padecimientos físicos, cumpliendo hasta última hora sus deberes en las sociedades de Beneficencia á que pertenecía, y desempeñando sus guardias en Palacio con la perseverancia de su noble afecto y de su acrisolada lealtad á los rej es. Penas muy sinceras ha causado su muerte y elogios merecidos se tributan á su memoria. Con las lágrimas de los suyos han corrido las de las niñas de los asilos, que la adoraban. Cuando vivíase decía después de conocerla: ¡Qué buena es! ¡Dios la bendiga! Ahora que ha muerto se dice: ¡Qué bueíaa fué! ¡Dios la habrá dado lo que merecía! ORLA DE VÁRELA KASABAL