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T iENE cada semana olor, color y sabor propios. Arbitraria y artificial como es la división de la vida en pedazos de siete dias, nos hallamos tan habituados á ella, que cual si fuese un drama en el teatro del vivir, donde las representaciones no cesan nunca y no hay cierres en verano ni cuesta de Enero, consideramos que en la semana hay exposición, nudo y desenlace. Ahora, con eso del descanso dominical, el desenlace es favorable, como en las comedias, si se quiere que el último día de la semana sea el domingo, como piensan los optimistas. Los que no van á gusto en el machito, opinan, por el contrario, que la semana coinienza el domingo, con las aleg- rías consiguientes á la huelga, y acaba el sábado con los desalientos y sudores que al trabajo suceden. La semana pasada ha tenido sabor amargo, color de entierro y olor á cirio. Hemos enterrado á un hombre ilustre, y no abunda la clase en términos que el diielo de los liberales no resulte luto nacional. Como sucede siempre en casos tales, han sido más pródigas en alabanzas y lamentaciones para el muerto las lenguas y las plumas que más habían procurado vituperar al vivo. En esta ocasión los elogios eran justos, pero á juzgar por la puntualidad y exactitud con que seguimos el sistema, sería cosa de pensar en la conveniencia de que gobernasen, dirigiesen y encauzasen á España los fieles difuntos, ya que para conseguir la aprobación y el encomio unánimes de los españoles se hace necesario sucumbir previamente. Así se confirma una vez más el dicho de Verhaeren ó de quien sea: E. spaña es el país de la muerte. Sólo los muertos nos inspiran respeto y simpatía, y sólo cuando vemos á un prójimo cerca del sepulcro ó en el sepulcro mismo, nos parece un grande hombre por el mero hecho de morirse, como si en ello hubiese uti mérito extraordinario. l u c H o s pintores y escultores, y también no pocos pintamonas y pucherólogos, están que trinan al saber que este año no habrá Exposición de Bellas Artes, aun cuando la ley dispone que se celebre cada dos años un certamen de esos. El ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes ha declarado que faltan fondos para cuadros. -No tenemos fondos- -ha dicho el Sr. Allendesalazar encogiéndose de hombros y haciendo retemblar el edificio, -y no habiendo fondos, no puede haber Exposición. ¡Como no los pinten! Al oir esto, han sido muchos los artistas que se han ofrecido á pintar los fondos y hasta las figuras, pero Allendesalazar se ha cerrado á la banda como un solo hombre, aunque en i- ealidad parece dos empalmados, y dice que por este año los artistas no p o d r á n v e r los fondos ni en pintura... ni en escultura, etcétera, etc. A l e g r í a consiguiente entre los críticos de arte contratados por horas ó por carreras para casos de Exposición y también entre los guardias civiles que ocupan pacíficamente el titulado Palacio de Bella, s Artes; porque aquí, en cuanto no sabemos qué hacer de un edificio, lo dedicamos á cuartel. Así sucede con el antiguo Frontón de Fiesta Alegre, por ejemplo. ¿A quién diablos se le habrá ocurrido meter soldados en la cancha y en las gradelúas del exfrontón? No aprenderán allí precisamente los soldados á formar el cuadro, pero sí á sacar del quince ídem, lo cual es menos heroico, pero más divertido. J o para la Exposición, pero sí para la posteridad, ha pintado el maestro Villegas un retrato de S. M. el Rey D. Alfonso X I I I vestido con el raanto de la Orden de Carlos III. Se ha propuesto, sin duda, el maes- RETRATO DB D. M. BL REY, POR JOSÉ VILLEGAS