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Inglaterra, Francia y hoy España, gracias á los señores Abati y Reparan, se han reído hasta más no poder de vina regocijadísima farsa alemana, titulada Los hijos artificiales, que se representa en el teatro de la Comedia. De puro graciosa, fatiga la tal obra, cansa, excita los nervios, prueba cuan verdadero es que tres horas de risa pueden engendrar una enfennedad. Pobre, enfermo, triste, ha muerto en el Hospital general un tierno y delicado poeta, autor de cantares inspiradísimos, hondos como el sentir de los corazones simples. Alfonso Tovar era un desdichado poeta, inútil como un ruiseñor. En las casas bien organizadas, quiere decirse, en los Estados ricos, se cuida de que á los ruiseñores no les falte nunca el alpiste. Aquí, en esta casa pobre de España, el alpiste y las jniguitas y las cortezas se las comen ios pájaros más gordos... y un día de frío y VCTO T E R C E R O RSOBNA XTI F O T S cil UENTliS M I 1! E D E S Sra. Domínguez, -BALTASAR PALMERÍ. N. Sr. Mora. FEHNANRO PALMHRIN, Si- l Gon álve -RAFAEL, Sr. Rublo. MniiCEDES. ¿Qué ras á haeor, Baltasar? de hambre, el pobre ruiseñor se queda t- ritando, muerto con la cabeza debajo del ala. El músmo poeta lo decía: Mi pena es como ninguna: soy desgraciado y no tengo á quien echarle la culpa. Recuérdese esta otra profundísima sentencia: Sube la cuesta despacio, ó antes de llegar arriba te va á matar el cansancio. I a vida, para Tovar, era cosa accidental, que no merecía la pena: un viaje inútil y trabajoso. Desde hace miíchos años tomó su resolución, como un valiente: En mi barquichuelo, solo, tiré los remos al agua mar adentro me metí. ¡y cara al sol me dormí! Y claro está, se ahogó, como se ahogan los hombres, sin gritar, sin p íÁr socorro. Y como hojuüre al agtía, no hubo quien pusiese una cruz en su tumba, porque nadie hace cruces en el agua. Para no terminar esta gacetilla con una nota triste, recordemos que el viernes último tuvimos el gusto de llenar de besos las caras ALFONSO TOVAR 1 LA PLANA MAYOR DEL BATALLÓN INFANTIL DE GUADALAJARA FOT, ASBNJO de un bravo comandante, varios capitanes y tenientes bizarrísimos y unos cuantos soldados veteranos, así como de una agraciada y a g u e r r i d a cantinera... Eran el jefe, oficiales, soldados y cantinera del batallón infantil de G- uadalajara, que nos visitó después de haber sido recibido y agasajado por el Rey, jefe supremo del ejército. Los gallardos militares, ni n guno de los cuales llega á doce años de edad, están perfectamente instruidos y disciplinados, y por este ingenioso y caritativo procedimiento se han recogido, á la buena vida, y hasta gozan de la satisfacción interior prevenida por la ordenanza, unaporción de chiquillos que antes andaban por las calles de Guadalajara zurrándosela badana, sin la menor noción de Táctica ni de Estrategia.