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Apen, is scnliidos csios. el priiidjít: liacc S IÍ: al itiispo p: ira íjue le presente ¿los pí rsonajes notables dL la localidad. I.O R nombres flamencos, proferidos con unción sacerdotal, caen en el silencio; A cada u n o c ellos aeomp. iña u n a p r o í u n d a reverencia ejecutada cu l a s o m b r a p o r el pcTsonaje n o m b r a d o Luego, á u n a señal, aparece un jovenzuelo azorado, torpe, con un papel en la m a n o temblorosa, ¡Oh! -exclama la princesa. ¡Versos ¡qué bonito! Tlespraciadamentc, los versos son latinos. Con voi débil y mal e n t o n a d a y acento agridulce, el adolescente Ice jiu pocman v el párroco de San Waast marcjk los ritmos con la nariz; apnieba. hajando lo párjí iílos, las insulsas lieUtKas del recitado, reKOcijándose de ver á sn discípulo favorito ante el Delfín, rjue sipuc sofocadisimo por la tiranía y e s t r e c h e del cuello. I.o s versos resueiian. c a n t a n d o l a majestad del trono, la felicidad d e los pueblos rcK I ey prudente, las promesas d e un por enii luminoso, Poco á poco el lector recobra la serenidad; á veces un epíteto Tclampague con la vehemencia de la excitación, María Anioníeta, muy aburrida p o r q u e no comprcude jota, p: i.i mína atentamente al mo üelo, ílaco, chiquitín. Stco de a d e m a n e s duros como l, s d e un mufieeo de palo. -l -iTcce fjue se va ¡i romper. -dice la princesa á la de j. amballc. El colejíial ha oído- lue se burlan d e él: se ha t u r b a d o un poco, pero recobrando pronto su apl imo; bien se ha n o t a d o t s t o en su íaz biliosa, t n su frente aplanada, en su nariz puntiaguda, en s u s v e r d e s ojos: su mirada se ha cnizado un segundo con la de los príncipe- i. M a n a Antiinieta. sorprendida, ya no sonríe; Luis, desiibñdo. frunce el entrecejo acaso p a r a cobiar aplomo se pasa un dedo por el cuello q u e le e- sttanjri la, T homilía continúa- El Delfín se esfuerza por entender a l g u n a s palabras y adivinar UJ demás. Por fin se acaba el poema. -Os damos jrracias, señor cura- -dice el príncipe. -por las bellas frases v los lisonjeros otos q u e nos h a b t i s hecho oir á la S e ñ o r a Delfina y á mí. iCste joven, sin duda, seta discípulo vuestro. -Y de los más aplicados. Monseñor. I, e reco jimos huérlano. y nos recompensa con sus virtudes y su b u e n a voluntad pues le educamos p a r a ofrecerle en su día á Vuestra Alte a como el más leal ser i dor del trono- -Será preciso, pues, señor cura, enviarle á París, donde los tálenlos se dcHarrolUn. -Así lo tenemos pensado. -Müv bien, muy bien hecho. El príncipe, p a r a rccoper el p o e m a q u e le ofrece el joven, se nelve h a c i a él, y s u s m i r a d a s se encuentran de nníívo. -jCómo os llamáis, caballero -pregunta I- uis, -M. iximiliano d e Robespicrre. -Bicu bien; quizás nos veremos a l n día. El adolescente saluda, Y Luis se pasa otra v x la m a n o por el cuello. KotíUtílW I I A R A L X O U R T t t i n V Q 1 1 hJL uL VZ