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iSí áP aüiS VAGABUNDOS RUSOS ON los m o d e l o s de Gorki, el terrible narrador de las desdichas de un pueblo que no acaba nunca de libertarse y redi- niirse. Dicen los amantes de lo pintoresco, que España es el país de los mendigos interesantes. No hay tal cosa. El A erdadero país de las grandes miserias no es España, no es tampoco la tri. ste Irlanda, es la inmensa y desolada Rusia. De aquí que todos los escrit o r e s G o g o l Dostoieusky, Tolstoi, y en estos últimos tiempos Máximo Gorki, sin quererlo ó queriendo resulten revolucionarios, enamorados de las reivindicaciones del f pueblo stifrido é infeliz, porque basta pintar la realidad á conciencia, sin tapujos ni adornos, para que la intención nihilista resulte. Vése bien claro esto en los cuatro tipos de vagabundos fotografiados en esta plana; en la niña rubia y anémica, retoño de una raza de sangre empobrecida, y que guía la carreta primitiva arrastrada por un jamelgo de aspecto tristísimo; en el pobre pedigüeño de luenga barba y catadura feroz; en el arriero que masculla su pipa, esperando vender su miserable mercancía de patatas ó escanciar á algún tra- bajador alcohólico el caneco de- vodka; en fin, en el santero que á la puerta de todas las igle. sias aldeanas pide p a r i el mantenimiento de las imágenes y para la sustentación de los misérrimos popes, sacerdotes malpagados del culto griego. Por las obras de Máximo Gorki, que ha sido uno de tantos vagabundos, circula, gruñendo en son de protesta, emborrachándose para olvidar sus malandanzas, profiriendo juramentos terribles y cometiendo crímenes horrorosos, toda esta muchedumbre hambrienta, triste, sin pan ni alegría. El efecto artístico de tales narraciones resulta el más hitmano, el más bello: la compasión.