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eos, y mientras deglute la pildora correspondiente al caldo, un camarero le pondrá ante oíos y narices una taza de autentico, dorado y humeante caldo, y se la llevará intacta cuando con vista y olfato h a y a el cliente apurado el goce más intenso y espiritual de la gastronomía; lo mismo ocurrirá con los demas platos. Y aun cuando entonces las sociedades de templanza formarán parte de la máquina o- ubernamental del mundo, y el alcohol y sus preparados figurarán en la lista de los venenos, á los ricos se les tolerara la nefanda corruptela de oler una copita de whisky ó de coñac después de la comida- pero pierio nada ruás, y eso teniendo en cuenta que la olfación de semejantes porquerías constituirá una intoxicación lenta, y el Estado tendrá verdadero interés en que fallezcan muchos ricos porque abolido ya entonces el sistema de los patrimonios, no habrá más universal heredero que la sociedad la cual se encargara de enterrar al muerto y de mantener y cuidar á los vivos. De tal manera, nadie tendrá en que se muera este ó el otro señor sino un interés infinitesimal y á prorrata, quedando con esto suprimidos los tíos ricos y los sobrinos derrochadores tan usuales en comedias y caricaturas Terminada la comida, y teniendo Fulano todo el tiempo por suyo, alquilará un aparato de volar ó aeroplano de los que se usaran entonces para excursiones de recreo, pues los globos dirigibles por su pesadez y la escasa estética de sus formas, se destinarán tan solo al transporte de mercancías y de gente ordinaria, y en un par de horas se dará una vueltecita por Europa y Asia, gozando de los espectáculos que en el día se verifiquen: unas carreras de caballos en Epsom, una corrida de toros en Sevilla, la degollación de cinco ó seis mandarines en Pekín, una caza de tigres en el Himalava etc ete Antes del anochecer recalará en Roma y gozará el placer delicadísimo de ver el crepúsculo y oir el toque de oraciones en todos los campaniles de la Ciudad Eterna desde el monte Pincio. Aquel solemne y sublime espectáculo, presenciado como remate de una jornada de goces tan fuertes y vanados, sumirá el espíritu de Fulano de Tal en cierta ensoñadora melancolía. Fulano experimentara entonces deseos extraños, inefables anhelos que todos sus millones y todos los adelantos del siglo XXI no bastarán á procurarle. Y recordará que dos meses antes, paseando por el boulevard de la Magdalena, en París, siguió á una mujer, ¿qué mujer? á una princesa de cuento de hadas- baio un nimbo de oro formado por los cabellos, dos alas de mariposas, que eran los pároados, iuo- ueteaban mostrando y escondiendo dos brasas, que eran los ojos Y Fulano la siguiót intentó libordaria conversar con ella, ofrecerla tesoros inagotables de dinero y de amor, pero amor del puro y fino dé dieciocho quilates, incendiariamente romántico, refinadamente platónico y ella nada insensible esquiva, desdeñosa, sm hacerle el menor caso. La aventura aquella, que en realidad no era aventura sino interminable comienzo de ella, duraba ya dos meses, ¡dos meses! En el siglo xxi dos meses serán doscientos siglos. En aquellos dos meses se habrán descubierto doscientas mil nuevas especies de microbios, se habrán hundido doscientos MUones de sociedades anónimas v se habrán formado otros tantos trmts poderosísimos. Todo habrá marchado doscientas veces más de prisa que en la actualidad menos algo que es ó parece lo principal en la vida. Y Fulano de Tal, harto de recorrer mundo y dé ver y gozar de todos los progresos imaginables, irá durante dos años, quizás durante veinte, hasta que esté hecho un carcamal, á acr; -el oso en pos de una mujer que probablemente le dará calabazas entonces lo mismo que se dan ahora y que se daban hace treinta siglos. F. NAVARRO Y LEDESMA te: