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h o m s del doctor Benavcnte con sus Heas v susjueifos, le respetaban Tnñs que ni bü- sto del doctnr, y ca i tiinto como á a estniliiíi de mjo tic los reyes pnííos Í 1 esnnHígados qiie escolUn al cariflnjso aniiRO de la iiifánda, ñíanuel, el hijn drl año, fl hijn de iiadiCn el lujo de la sombra, el hijo del Ritarda, era t l arbitro dü las diversiones en aquel lindo asilo de la n i ñ t z madrilefia. l. n que ¿1 dccta era m a n d a t o imperativo p a r a tod la turba infantil; con su blusa, rcuiendada y sn boina descolorida, ¡mpnnía au jefatura á aquella le ¿íón de idños bien vestidos, los cU ilcs hablaban d e Manuel cou cierto respeto carifloFo, y mucbas veces. ob er -ando c 3 biienn de Pérez la soberanía de su hijo adoptivo sobre la lucida caterva infantil, se preguntaba g u i ñ a n d o maliciosamente lori ojos: i ¿SÍ pí rá hijo de un duque? sí será hijo de un rey? En suma, la primavera de la vida fué dichosa para Manuel: reía y mandaba, la. dos cosas que más placen d los niños, y a u n q u e aljí- una Ve sentía u n a impresión extraña, como si le abrazaran los helados brazo. s de nna sotnbfa, un abot: o. u n a aUR ustia. un frío indefinibles, el accidente era tan rápido y su naturaleza tan penerosa, que la impreaióa n o daba lugar al recuerdo- H a b í a pasado todo, y el cbicuclo v olvíi á reír y ¿j u g a r Pérez, ya m u y vicjecilo. consultú con su mujer, que allá le a n d a b a en años, y decidieron ambos dar el oficio de j a r d i n e r o á Jlanuel, Ya sobre el labio superior de éste npuntaba el bozo cuando aprendía la difícil ciencia d e los ingertos y el h e n n o s o arte de preparar coücehas de flores. Por influencia del padre d e uno d e s u s a n t i g u o s compañeros del Parterre, fué admitido Manuel cU las estufas del Retiro, y el muchacho, á costa d d Erario municipal, bacía cada ramo que daba miedo, para laü chicas j tvenes v g u a p a s de su b a n i o fíbbre todo para una llamada Rosa, como es natural, puesto que Manuel era jardinero, hija d e un hotirado fllbañil h a r t o de aliuc ar ladrillo V de d a r soldados á la patria. Rosa, á fuer ¿a de tener flores en la ventana, se enamoró del hijo del año q u e se las llevaba, Kn esl el bueno d e Pi fresco me voy de j u e g a n j. pero Rosa, después de consolarle como podía, le encargaba diariamente que le llevara flores, y el muchacho, con los ramos de su novia, se olvidó d e la m u e r t e d e sus padres. Siempre sucede así. ¡Hl hijo del año se casó! Rosa le adoraba, fueron felices, t o d o lo felices q u e en el m u n d o cabe. E n sn h u milde llogar sonaban con más frecuencia las risas que los sollozos, pero al i uua vez s -oían también éstos.