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el desmido cuerpo ¿c una crialura. Se oproximú iJaci. a el montón lenlaiiienLe. como si fuese á cíizar nn pájaro, y as! allí estaba efectivam e n t e el cachorro hecho nn rebujo y amoratarlo de frió. Por fortuna p a r a a criatura I CTC? más que tin hombre reflexivo era un hombre de acciójiL quitóscn pues, la bufanda, envoh ió en ella al nífio abandonado, y tomó el camino de Madrid pensando: ¡Veremos lo oue dice Francisca! hrancisca era su m u j e r Dios, que todo lo dispone sabiamente, hnhía hecho f ue no tuvieran hijos, Cuaudo Pcrc IICRÓ A su CÍLH le gritó á fiü mujer, que estflha trajiuandu en la cocina: -Franciscan aquí te IraijE o esto. né es eso? -Un hijo, ¿Un hijo de q u i ¿n -T u y o min v ¡le nadie; el hijo del aüo; lo acabo de encoutrar sobre un moutón ¿i hojas secas, en et Parterre. jUomo no sea d é l o s niiios que van allí á j u gar! i Toma, pues es muy guapo; jpobre criatura! Xos quedamos cou él ¡Va lo creo que nos qncdaruos! -Entonces ahí io tienes; l a vecina está criando: dáselo á ver si af arra. que yo m t vuelvo á ini obli radóu, Y d e este modo, el hijo d e las sombras, el hijo del año, el hijo d e nadie, tuvo padre v madre- conocidos. Le pusieron de nombre Manuel, y vivió como vivimos lodos, sin g r a n d e s alegrías n i espantosas desventuras, según v e r á el curioso lector. fc Mauuel era un muchachote robusto, y además hijo del g u a r d a del Parterre. Por ambas poderosas razones. todos los chiquillos, vá stagos unos tie familias ilustres, y otros d e familias modestas, que van allí ú alebrar las nos