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Por eso cuando se pregunta lo que puede hacerse en un año hay antes que preguntar de qué capital se dispone para la obra que se emprenda. El trabajo actual vale siempre poco. El trabajo acumulado á través de las edades es el que realiza prodigios. Preguntar lo que puede hacerse en Un año es como preguntar qué peso puede levantarse en un momento dado. Hay que saber de qué fuerza se dispone. ¿Se dispone sólo de la fuerza de un hombre? ¡Qué mezquino será el peso que se levante! ¿Se dispone de una máquina? Haj que saber cuál es su fuerza. ¿Son fuerzas geológicas almacenadas en las entrañas de la tierra? Pues podrán levantar en peso toda una isla y hundirla después en el océano. ¿Se dispone de la fuerza solar? Pues podrá suspender en el espacio plantas y planetas, mundos y mundos. La pregunta que voy discutiendo se parece á esta otra: ¿qué se puede hacer en el espacio de un metro cúbico? Si el metro cúbico está vacío, nada. Si está relleno de agua podrán criarse unos cuantos peces, más ó menos estúpidos, en el cristalino acuarium. Si el metro cúbico abarca un cerebro como el de Patón, ó el de Arquímedes, ó el de Galileo, ó el de Newton, ¡qué maravillas brotarán de ese metro cúbico! Pues el espacio es como el tiempo. Dos formas sin forma, dos huecos sin límites, dos moldes sin contomos. Todo cabe en el tiempo, todo cabe en el espacio. Por eso hay que precisar los términos de los problemas. Cuando un tren de viajeros corre entre dos estaciones, podría también preguntarse: en ese intervalo de tiempo ¿qué puede hacer la masa humana hacinada en los coches del tren? Sufrir molestias, agitarse impacientes, luchar con las torturas del viaje, dormir mal, soñar acaso con descarrilamientos; y en aquella masa tal vez se encuentre algún intelectual, algún poeta, algún sabio que vaya pensando en cosas grandes y hermosas. Gérmenes del porvenir que marchan tras una locomotora. Pues la tierra que habitamos es un tren á su manera, lleno de viajeros, no de primera, segunda y tercera clase, sino de muchas más. Eos hay que viajan con ciertas comodidades, los hay que viajan dolorosamente, mientras la Tierra va dando la vuelta al Sol, para volver á las conjunciones que determinan el año completo. ¡Cuántos seres, cuántos pensamientos, cuántas alegrías y cuántos dolores! ¿Quién es capaz de decir todas las maldades, todas las infamias, todas las bajezas, y, al mismo tiempo, porque no todas son negruras, todos los sacrificios, todos los actos nobles que en el espacio de un año va á realizar la masa humana? Si las ideas y los sentimientos, los dolores y las alegrías de cada ser humano pudieran materializarse en sombras y en luces, lo bueno en chispas brillantes y regueros de luz, lo malo en nudos de sombra y cabelleras negras, la Tierra, al girar alrededor del Sol, no sería un planeta, sino un cometa con inmensa cola, en que allá irían enmarañadas por el espacio hebras luminosas y hebras sombrías; la cabeza de un monstruo sería la Tierra con doble melena, la del Cielo y la del Infierno, revueltas ambas en maraña estupenda. En rigor, cada año debía realizar algo superior al año precedente, porque el bien debía irse acumulando de una manera continua, y cada siglo está obligado. á ser más inteligente; más rico, más sabio y más moral que el siglo anterior. Pero la humanidad no sube por un plano inclinado, sube por ondulaciones, como la marea creciente, y estas ondulaciones á veces son estrechas, á veces son muy anchas. Cada pequeña ondulación puede ser un año, puede ser un siglo, acaso muchos siglos. Y luego la historia mira y cuenta cumbres del oleaj e y negras hondonadas de la marea humana. Allí está Asia, una cumbre tan ancha que parece llanura; allí está Egipto, otra cresta; allí está Grecia, ¡qué espuma tan blancal; allí está Roma, ¡qué gigantesca ondulación! allí está la Edad Media, ¡qué hondonada! allí está el Renacimiento, ¡otra vez luz! y ¡cómo desde unas crestas se ven otras! Allí está el siglo xix; desde su cumbre se descubren casi todas las anteriores. Y luego viene y empieza el siglo xx, y vamos á empezar el tercer año de este siglo. ¡Ya es fácil predecir lo que será el año y lo que será el siglo! ¿Será cresta, ó será hondonada? ¿Sigue el oleaje con espumas, ó con abismos? Ni quiero ser optimista, por sobra de candidez. Ni quiero ser pesimista, cuando jamás lo he sido. En resumen: en un año se puede hacer mucho bien y mucho mal, ó se puede pasar el año en letargo profundo. De todas maneras, la humanidad ha adquirido en estos últimos tiempos mucha fuerza viva; quiero decir que viene avanzando con inmensa velocidad. Y cuando un tren camina con tal violencia, no es fácil que de pronto se detenga. Do que sí puede suceder es que descarrile. Con que, vayan prevenidos los maquinistas, y no se distraigan los guardaagujas. Y entretanto, adelante. Que si ahora no me atrevo á anunciar lo que puede hacerse en un año, al fin del 903 se podrá hacer la liquidación y sabremos á punto fijo lo que hizo. Ya veremos lo que arroja la liquidación del presupuesto humano en el año que empieza. J o s é ECHEGARAY