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¿Qué pudo hacer Newton en el primer año de lactancia? Mamar y mamar, como otro niño cualquiera. Todos los años son iguales para los niños mamones, que rellenan el tiempo hinchando y deshinchando los carrillos. Y- en cambio, ¿qué pudo hacer Newton el año en que descubrió la gravitación universal, ni cómo puede compararse este año glorioso al primer año lácteo, llamémoslo así, de su infancia? Convengamos, pues, en que esta palabra, año, casi no tiene sentido. IvO cual está conforme con la crítica moderna, y hasta con la filosofía de Kant. El tiempo es una cosa vaga, indeterminada, una forma del mudar, dicen algunos filósofos. Y del tiempo absoluto no Se hable, porque sabios ilustres lo niegan. Verdad es que pretendemos medirlo; pero las medidas del tiempo son puramente convencionales y en el fondo son hipotéticas. Un año es el tiempo que tarda la Tierra en dar la vuelta alrededor del Sol. Hemos convenido en que este tiempo es constante; ¿pero teneraos seguridad absoluta de que lo sea? ¿Dónde está el metro absoluto del tiempo? ¿Quién nos dice que todos los años son iguales? ¡Para medirlo partimos de una hipótesis, á saber: que cierto fenómeno físico se va á repetir con identidad absoluta una serie indefinida de veces. Por ejemplo, el oscilar de un péndulo, el vaciarse la misma ampolleta llena con la misma cantidad de arena, el dar una vuelta la Tierra sobre sí misma, el dar la vuelta la Tierra alrededor del Sol. Es decir, una serie de hipótesis probables, sí, que parecen concordar unas con otras, no puede negarse; pero que no constituyen certeza absoluta, verdadera certeza. De donde resulta que un año de tiempo es una cosa muy vaga. Del año, del mes, del día y de la hora tiene el ser humano conciencias muy diversas, aun suponiendo que dentro de cada categoría las duraciones sean idénticas. Una hora, rellena por el dolor, es eterna; no es una hora, ni un día, ni un año; es un siglo. Una hora de placer es rápida; ni la corriente eléctrica pasa más veloz. El péndulo habrá dado las mismas oscilacio nes en uno y en otro caso; pero el número de vibraciones del alma humana no ha sido el mismo. Sierra de infinitos dientes de acero que va cortando manojo interminable de fibras nerviosas en un caso, es el dolor; en otro caso, relámpago de luz que iluminó al f r humano entre dos negruras sin fin, es la diciía. ¿Qué cosas se pueden hacer en un año? Después de pensarlo mucho, confieso que no lo sé. Se pueden hacer maravillas que basten para llenar toda una civilización; se pueden hacer sandeces acumuladas en montón tan enorme, que pudieran cubrir las puntas de las pirámides egipcias y saciar todos los apetitos de im becilidad de los mayores idiotas del Universo. Se puede hacer mucho bueno ó mucho malo, ó se puede no hacer nada: un sueño de un año, durmiéndose en la Circuncisión del Señor y despertando el día de San Silvestre. Yo creo después de todo, y después de pensarlo bien, que en realidad, en el período de un año se puede hacer muy poco. Y como antes dije que en ocasiones se podía hacer mucho, es preciso que salve esta contradicción y que me explique en términos precisos. Decididamente un año es un período de tiempo cortísimo y en que se puede hacer muy poco, casi nada. En un año no se puede aprender un idioma. Cinco años emplea el niño para empezar á hablar malamente. En un año no se aprende una ciencia; apenas se empieza á deletrear la parte más elemental de los rudimentos. No un año, siglos y siglos emplearía el hombre primitivo para inventar la rueda. Y sin embargo, acaso en un minuto, en un segundo acaso, brotaría en la mente de Newton la ley de la gravitación universal. La caldera tubular de la locomotora quizá fué inventada en una hora de meditación. Golpeando con los dedos en un sombrero de copa, se dice que se le ocurrió á Bell el teléfono; y la dinamo no tardó un año en inventarse. Das grandes invenciones, los grandes descubrimientos brotan á veces instantáneamente como explosión de una idea. Shakespeare escribió más de un drama por año, y el Quijote debió escribirse en breve tiempo, al menos la primera parte. Su creación debió ser obra de días; las maravillosas aventuras debieron pasar rápidas ante los ojos del inmortal creador. Quiero decir con esto, que con ser tan breve el período de un año, en él pueden realizarse empresas prodigiosas. Pero distingamos. El año de creación está precedido de años y aun de siglos de elaboración lenta, de acumulación de materiales, de acarreo de substancias explosivas. Como que cada año condensa en sí los esfuerzos j- el trabajo gigantesco de muchos millares de siglos y de rnuchas razas. Millones de millones de ideas que han flotado en la atmósfera, millones y millones de cerebros que se han consumido pensando, masas humanas que han ido amasando con dolores y con lágrimas civilizaciones gigantescas. Los siglos del Renacimiento fueron la explosión de toda la labor obscura, pero prodigiosa, de la Edad Media. El siglo XIX con ser tan grande, yo creo que sumado todo, el mayor de los siglos, no brotó de repente en la historia, sino que es la condensación de una serie inacabable de siglos.