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cosas un año? Q UÉEsta fuéselapueden hacer enme dirigió un pregunta que amigo hace pocos días. Y en el acto le contesté qtte no comprendía la pregunta. El la desarrolló y aclaró en los siguientes términos; Quiero decir, que cuántas invenciones, cuántos descubrimientos, cuántas maravillas de éstas á que nos ha acostumbrado el siglo xix, podrían realizarse en el espacio de un año. Qué contingente son capaces de traer á la civilización doce meses empleados en el trabajo material y en el trabajo intelectual. Ya usted comprende mi deseo, agregó, y sobre este tema quisier que me escribiese usted un artículo. Yo deseaba complacer á mi buen amigo; pero l ¿i verdad eá que no supe qué contestarle, y le p dí el plazo de ¿ilgunos días para preparar la re, ¡puesta El piazo ha terminado, y la respuesta no la ení uentrc. Porque el problema me parece vago, indeterminadí y susceptible de múltiples soluciones, se las circunstancias. Pitra U L hombre de mediano entendimiento, E y auaque sea do gran entendimiento, un año p a t á t pasar coiiio un minuto; quiero decir, vacío, completamente vacío, rápido, fugaz, cargado de sombras y sin ningún punto brillante. Puede estarse pensando un año entero en un drama, sin. que el drama ni siquiera se dibuje en la penumbra; ó en la solución de un problenix. siu que el problema llegue ni aun á plan. tearse en términos precisos; ó en una invención industrial, sin que aparezca la más insignificante ruedecilla de la nueva máquina. PoK ue hay años que parecen de goma elástica- se encogen de un modo, que casi se juntan los ¿os extremos, el primero de Enero con el treinta y uno de Diciembre. Y se quiere hacer la liquidación y no se encuentra cosa alguna que liquidar. El año era como un molde; pero el molde resultó vacío. Enero, con sus fríos, sus hielos, sus escarchas, sus cielos tristes. Eas celdillas cerebrales están ateridas, no se atreven á vibrar; el pensamiento en ellas se acurruca abrigándose con elprotoplasma á manera de microscópico edredón, y allí se queda dormitando durante tres meses. Y luego una primavera, como todas las primaveras, a, unque las hay que se asemejan mucho al invierno; porque ño todas las primaveras de la realidad se parecen á las primaveras de los poetas. Rióme yo de las primaveras y aun de las mañanas de Abril ó Mayo, que las hay muy desagradables y que en nada se parecen á las primaveras convencionales de la poesía. Así es que en años de tales primaveras, el pensamiento no se atreve á abandonar su escondite c re- 1 bral para lanzarse á las esferas luminosas de los ideales. Buenos ideales, si sopla viento sucio que los empolva, y vuelve el frío que los hiela y el turbión, que los remoja. En suma, que si hay inviernos en que no se hace nada, h a y primaveras en qué se hace otro tanto. Y del verano no hablemos. Un pensamiento sudoroso y sofocado, no es pensamiento, ni es capaz de inventar cosa alguna: para trabajar, el sudor es de ley; para pensar no aprovecha. Ni hablemos del otoño, que por u n lado se abrasa con los ardores del verano y por otro extremo se hiela con los fríos de Diciembre. De donde resulta que hay años en que no se hace nada ni se puede hacer nada. Ea humanidad ha tenido muchas temporadas de éstas. Años de pereza, años de barbarie, cuando no años de r u m a y destrucción. Por eso, aun prescindiendo de las condiciones especiales de cada individuo, aun tomando en conjunto razas enteras, no se puede contestar categóricamente á la pregunta que encabeza este artículo. ¿Qué se puede hacer en un año? Según como sea el año y la época histórica á que el año se refiera. El primer año del Paraíso yo no sé lo que hicieron Adán y Eva; pero un año llegó en que en vez de hacer algo bueno nos perdieron para siempre por su ligereza. Y viniendo á las épocas históricas, los años de los imperios orientales, los años majestuosos, pero pesados, de la civilización egipcia, debieron ser fecundos, pero mujr lentos y poco cargado cada uno de materia civilizadora. Quizá en un año no se construiría ni media hilada de una gran pirámide. Con labrar un obelisco ó las narices de una esfinge, ó con engordar al buey Apis, había tal vez labor para doce meses muy cumplidos. Una civilización de ladrillo como la de la Asiría, ó ur i civilización de piedra como la de Egipto, debe marchar con mucha pausa, y es precaución prudente para no pisar á nadie; porque al que pisen tales moles queda definitivamente aplastado, y para él se acabó la cuenta de los años. Efl cambio, ¡qué años tan nutridos, tan fecundos, tan llenos de luz los buenos años de la Grecia! ¡Qué maravillas de arte, qué prodigiosas creaciones filosóficas, qué estupendas creaciones científicas! Por eso decíamos que hay años que parecen szg- los por lo nutridos, y otros que parecen segundos de tiempo, verdaderos microbios de la Cronología, por lo pequeños, flacos y vacíos. N o e s t a p a l a b r a duración de un año, casi n o tiene sentido. ¿Corno puede ser igual un año de la Edad Media á un año del Renacimiento? ¿Ni cómo pueden compararse, los primeros meses de un germen á un solo mes de vida en el ser que b a llegado á su pleno desarrollo?