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año SALUDEMOS alsalud quelaempieza confiados, tranquilos, alegres, con la fe en la de patria, que las almas pequeñas no tienen. Es verdad que á los rudos hachazos de una raza enemig- a más fuerte, nuestro bosque de hermosas leyendas descuajado quedó para siempre. Y es verdad que los hombres que un día dominaron de Oriente á Occidente, al abismo insondable cayeron dirigidos por tandas de imbéciles. ¡Pero nada conclu 3- e. Las tumbas dan calor de la vida á los gérmenes, y la encina que hendieron los rayos presta savia á la nueva simiente. Desoid el rumor quejumbroso que levantan las almas enclenques, que á través de las sombras espesas no adivinan el astro que viene. ¡Levantad el espíritu! Giman de dolor los cobardes que temen que abandone la patria, su madre, la corona ceñida á sus sienes. Que los niños se asusten y lloren, que las hembras se aflijan j recen, pero sufran serenos y firmes sus desdichas los hombres de temple ¡Y al trabajo con alma! Entretanto los políticos viejos, los jefes, apegados á rancias rutinas, sus pasiones menudas revuelven, y en ridicula lucha de hormigas por el mísero grano se muerden, y la augusta bandera en guiñapos con estúpida saña convierten. ¡Trabajemos! Los campos esconden codiciadas cosechas de mieses; sólo esperan que vaya á regarlos fecundante sudor de las frentes. ¡Maldición al que el hombro retire, rezagado en la brega se quede, ó traidor abandone las filas y de sus compatriotas reniegue! ¡Al taller, á la fábrica, al barco! ¡á afrontar cara á cara la muerte! y olvidando á los necios ilusos que del mundo se erigen en jueces, saludemos al año que empieza confiados, tranquilos, alegres, con la fe en la salud de la patria, que las almas pequeñas no tienen. SiNESio DELGADO