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MISA DEL GALLO EN LA ALDEA En la fría lobreguez de la noche, una luz extraña ilumina la plaza del pueblecillo castellano. Los perros, habituados al silencio y á la soledad, ladran desesperadamente. Las viejas y los viejos aldeanos, rebozados en sus mantas y capotes, entran en la iglesia, que relumbra como un ascua de oro. Es la única noche de año en que el pobre lugareño sale de su casa á tales horas; la única, porque la de San Juan es noche de esparcimiento para la gente moza y enamorada. DIBUJO DE ALBEETI