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KXv FJ YO gura más saliente de la Navidad, que de nó llamarse así, se llamaría Fiesta del pavo; prueba de es que con un pavo la simbolizan nuestros artistas. ISi el mismísimo premio gordo, con ser la suprema aspiración de todos los españoles y de nó pocos extranjeros, ha conseguido menguarle la popularidad ni disminuirle sus prestigios. Pavos y dinero gritan ¡os vendedores de papeletas de rifa en la Puerta del Sol por esta época, respetando en el pregón la primacía del pavo. Nada de extraño tiene que su nombre ocupe lugar preferente en la memoria de las gentes y que con él hayan éstas relacionado multitud de actos de la vida, como se relacionan con todas aquellas cosas y personas que, por su gran relieve, son, por decirlo así, jalones ó puntos de mira de nuestro recorrido en la tierra. Al pavo le corresponde también el honor de ser tomado como punto de comparación, de servir de base á infinidad de tropos y metáforas, que son síntesis más ó menos afortunadas de la vida. Dicese que se pavonea del hombre que física ó moralmente se cree por su superioridad objeto de todas las miradas y blanco de todas las envidias. Hasta el moco del pavo ha merecido su popular frasecita, y así se dice que una cosa es de moco de pavo para significar que es de lo mejorcito en su género, sin duda porque ese ridículo colgajo con que á guisa de añadidura ó de propina ha dotado al pavo la Naturaleza, es uno de los bocados más exquisitos. Yo, sin embargo, opto por la pechuga. Ponerse como un pavo ó subírsele á uno el pavo es el símbolo del rubor y de la vergüenza, cualidades muy apreciables que deben adornar al pavo cuando así se le toma como arquetipo de ruborosos y avergonzados. Pero no todos los dichos son laudatorios para la entidad pavo; antes abundan los depresivos y burlescos, quizá por tratarse de uca raza de filántropos que deben su popularidad al sacrificio de dejarse engordar para ofrecerse por esta época en holocausto de la humanidad ad majorem gloriam Dei. ¡Hasta con el pavo había de ser proverbial la ingratitud de los hombresl Alábate pavo, se dice del que es presuntuoso y se adjudica méritos que no tiene, lo cual me parece injusto para el pavo, porque, en primer lugar, su cloqueo más tiene de resignado lamento que de enfática voz; pero aunque así fuese, ¿quién con más derecho á presumir que el animal más suculento y que simboliza por sí solo la época más solemne del añOj la del Nacimiento delMesías? Aún podía darse mayor importancia diciendo que Dios y él no caben juntos en el mundo, puesto que le matan cuando Dios nace. Como si este modismo no fuese bastante molesto para el pavo, hay otro mucho más, por tener el carácter de una sentencia en el fondo y en la forma. Hínchate pavo, que ya te pelarán, frase en que, so pretexto de condenar todas las vanidades infundadas, se menosprecia el sacrificio que el pavo nos hace de su sabrosísima pechuga. Favo se llama al hombre soso y sin gracia, tardo en los movimientos y en las percepciones; pavo se llama en tono despectivo al toro que no tiene condiciones de lidia; pelar la pava es hacer el amor ridiculamente por esquinas y balcones, y en fin, hay una frase relativa al pavo, que por respeto á los lectores no puedo transcribir, con la cual se determina al hombre que ni sabe ni huele, es decir, que no tiene ninguna aptitud ni buena ni mala. Así paga la humanidad al pavo el sacrificio de su propia vida; asociando á su nombre los conceptos más depresivos. No contentos con esto, le hemos inmiscuido en la política, simbolizando en él lo más odioso que ésta tiene: la ambición y el lucro. Llámase él pavo á la nómina oficial. Este año se lo comerán los conservadores, mientras que Sagasta dice para sus adentros: -Dé toma un pavo, á daca un pavo, van dos pavos. El pavo de los silvelistas y él pavo de los mauristas. Los pavos también tienen su rey, que por esta razón se llama el pavo real. No se come. Lo cual demuestra que hasta en los pavos son las instituciones inviolables. EL SASTEE DEL CAMPILLO