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Pero no teniendo el hábito ó el temperamento de verdadero escritor, su imaginación no hallaba la manera de dar á un asunto insustancial esa brillantez de colorido y esa forma de admirable composición con que se engalanan la mayor parte de los trabajos periodísticos. Desaler tado se hallaba y á punto de renunciar completamente á su empresa, cuando cruzó su pensamiento la idea de un asunto realizable. Era la pintura de un idilio, en el que un nuevo Dafnis contaba sus amores á una arrebatadora Like, en esa forma candorosa y primitiva con que debieron sentir el fuego de la pasión aquellos incultos pastorcillos que desconocían por completo el imperio de las conveniencias sociales, y que, sin estudios ni retóricas, sabían dar á sus palabras la expresión de tiernos madrigales. Su espíritu se regocijó en el doble aspecto de artista que encuentra una forma apropiada á la belleza de un pensamiento, y de trabajador que halla un empleo á su actividad de una manera provechosa. Puso manos á la obra, y como todas aquellas concepciones que responden á una verdadera y fuerte impresión del alma, su trabajo, como otra Minerva, salió de una vez, y armado de todas las galas de una forma esplendorosa, de la frente de aquel Júpiter tronado. Corrió de nuevo á la redacción del periódico para entregarlo, y cuando al día siguiente, con la confianza más segura que la vez primera, pasó otra vez al despacho del director, éste le recibió benévolo y sonriente, y le dijo: -Mi querido amigo, su artículo de usted es una maravilla de colorido y de ejecución. Tan verdadera resulta la descripción de los lugares y de las personas, que parece sentirse el olor del tomillo y hasta el producido por la falta de aseo de los pastores. Mas no es por esta cualidad maloliente- -que de seguro había do desagrada al delicado olfato de mis bellísimas lectoras- -por lo que su artículo de usted no puede ser publicado en mi revista; lo que yo encuentro en él son ciertos atrevimientos de lenguaje que, aunque reproducción exacta del natural, no me atrevo á autorizar. Usted es, sin duda, un hombre de talento, y á poco que medite sobre un nuevo asunto, usted encontrará ese tono más inocente que exige la í n d o l e de mi publicación Antes que el director hubiese acabado de decir estas últimas palabras, Juan había cogido su sombrero, y saludando, tomó la puerta de la calle Humillado y entristecido a b a n d o n ó el pobre Juan aquella casa. Indudablemente se había equivosado al imaginarse que sus impresiones de aficionado podrían alcanzar en el mercado literario la estimación de las obras del más modesto profesional. Esta segunda repulsa que recibían sus cuartillas, se lo daban á entender bien claramente. Pero al fin, como no era tonto de remate, su pensamiento, devuelto á la realidad, encontró la manera de contestar á aquella fina, aunque amarga ironía, y cogiendo de sobre la mesa una fotografía suya que se hallaba en una especie de caballete, trazó á su respaldo algunas líneas, y después, cogiendo una hoja de papel, escribió al director de la revista la siguiente carta: Muy señor mío: Me pedía usted un artículo más inocente que las dos que le he mandado; pues bien, ahí va mi retrato acompañado de algunos datos biográficos míos. ¿Quiere usted todavía algo más inocente? De usted afectísimo seguro servidor, -Juan Oarciaa TOMÁS P E L A Y O DIBUJOS DE ANDRADE