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L estudio del insigne Mariano Benlliure alberga en estos días, á más de otras muchas preciosidades, á un noble 3 arrogante caballero vestido de capitán general, desnuda la espada en la diestra en elegante actitud de saludo, la expresión satisfecha y sonriente, la mirada escrutadora y alerta, como de hombre que, sin perder de vista el presente, interroga al porvenir; el cuerpo gallardo y bien aplomado sobre u n bellísimo corcel de sangre angloárabe, que aun cuando por la nobleza y docilidad de su casta conserva quietos los cuatro remos, en perfecto equilibrio, por la viveza y fogosidad de su genio no puede menos de volver la cabeza hacia la izquierda, por donde sin duda percibe el ruido ensordecedor de la trompetería y del estruendo de los batallones que pasan altivos y orgullosos pregonando victoria. El acierto más grande y el gusto más exquisito h a n presidido á la idea y á la ejecución. Alfonso X I I aparece en la estatua como lo que era, como rey pacificador, no alzándose sobre los estribos ni dibujando con cuerpo y cabeza u n desplante guerrero, sino en la actitud modesta, tranquila, de quien h a cumplido en todas sus partes la promesa de paz que su nombre representaba, y el compromiso de honor que á su patria querida le había vuelto. Y esta actitud de prudente mesura y de atención y vigilancia á cuanto en torno suyo pasaba, que era tan característica del difunto é ilustre monarca, h a sabido expresarlas Benlliure con toda la estatua, desde el ros del caballero hasta los cascos del caballo. L a relación entre jinete y cabalgadura, esa armonía de líneas tan difícil de buscar, y cuyo resultado es la impresión que las buenas estatuas ecuestres causan, la cual consiste principalmente en que no sea fácil imaginarse al jinete sin el caballo, ni al caballo sin el jinete, lo ha logrado Benlliure con pasmosa felicidad, guiado por la inspiración sin duda, pero también por esa profunda reflexión que hace de los grandes estatuarios unos filósofos que discurren con los cinceles, por esa FRENTE DE lA CABEZA DEL CABALLO E inconmovible lógica de los sólidos, harto más difícil de aprender y de llevar á la realidad que la relativa y secundaria lógica de los colores y de la perspectiva en la pintura. Por eso el estudio del caballo no lo ha hecho Benlliure á la m a n e r a vulgar, copiando u n modelo, sino analizando las formas de casi todos los caballos de la Casa Real, y escogiendo y formando, como decía Rafael Sanzio, segdn una certa idea che mi venne in mente, u n ideal ó arquetipo de caballo de guerra. Y no ha incurrido Benlliure en la vulgaridad de hacer que el caballo alzase una mano ni las dos, porque ni le convenía para lo que su estatua ha de representar, ni casi nunca es artístico ver u n animal que trota en el vacío, sin movei se jamás. E n suma, creemos que crítica y público estimar á n la estatua de Alfonso X I I como una obra maestra, y por ella felicitamos al gran escultor, honra de España. LA CABEZA D E L C A B A L L O V I S T A D E P E R F I L